LUNES 11 DE JULIO
AGUAS AMARGAS

“Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese” (Éxo. 17:1).

Quizá no obtengamos de Dios todo lo que queremos, pero ¿no deberíamos esperar recibir todo lo que necesitamos? No lo que pensamos que necesitamos, sino lo que realmente necesitamos.

Había una cosa que los israelitas realmente necesitaban, y era agua. Inmediatamente después de que Dios guiara a los israelitas en el cruce del Mar Rojo con la nube, ellos lo siguieron por el desierto caluroso y sin agua durante tres días. Especialmente en el desierto, donde encontrar agua es fundamental, la desesperación de ellos es comprensible. ¿Cuándo conseguirían el agua que tanto necesitaban?

Entonces, ¿a dónde los lleva Dios? La columna se dirige a Mara, donde finalmente hay agua. ¡Debieron de haberse emocionado! Pero, cuando probaron el agua, inmediatamente la escupieron porque era amarga. “Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?” (Éxo. 15:24).

Luego, a los pocos días, Dios los vuelve a probar. No obstante, esta vez la columna realmente se detiene donde no hay nada de agua (Éxo. 17:1).
Lee Éxodo 15:22 al 27; y 17:1 al 7. ¿Qué le reveló Dios a Israel acerca de sí mismo en Mara y en Refidim? ¿Qué lecciones deberían haber aprendido?

En Refidim, ¿qué pregunta hicieron los hijos de Israel? Éxodo 17:7. ¿Te planteaste esta misma pregunta alguna vez? ¿Por qué? ¿Cómo te sentías y qué lecciones aprendiste después de recibir respuesta? ¿Cuántas veces necesitamos recibir respuesta para dejar de cuestionarnos esto?

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