LUNES 15 DE AGOSTO
EN EL NOMBRE DE JESÚS

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14).

Jesús no estaría mucho tiempo más con los discípulos; quien había sido su apoyo y aliento se iría al cielo. Y los discípulos comenzaron a sentirse confundidos e impotentes. Pero, si bien los discípulos ya no podrían verlo físicamente, Jesús les dio una promesa extraordinaria.

Lee Juan 14:1 al 14. Según los versículos 13 y 14, Jesús promete hacer por nosotros “todo” lo que pidamos en su nombre. Debido a esto, casi siempre agregamos al final de nuestras oraciones: “En el nombre de Jesús, amén”.

Al decir esto, ¿qué pensamos normalmente que significa? ¿Qué quiso decir Jesús cuando nos animó a orar así? ¿Qué pistas hay en estos versículos que nos ayudan a comprender lo que él nos plantea?

Cuando pedimos “en el nombre de Jesús”, podemos estar seguros de que toda la maquinaria celestial está obrando en nuestro favor. Quizá no veamos a los ángeles actuar a nuestro alrededor, pero allí están: son enviados desde el Trono celestial en el nombre de Jesús, para atender nuestras peticiones.

A veces, cuando oramos en el nombre de Jesús, abrimos los ojos y esperamos que todo sea diferente a nuestro alrededor; pero todo sigue igual. No obstante, aunque el poder de Dios puede llegar con un efecto dramático, como cuando Jesús calmó la tormenta, también puede llegar en silencio, sin que nadie lo note, como cuando el poder de Dios sostuvo a Jesús en el Getsemaní. Quizá no suceda nada dramático de repente, pero eso no significa que Dios no esté obrando en favor de nosotros.

Vuelve a leer Juan 14:1 al 14. Mientras lees, imagina que Jesús te está hablando directamente, cara a cara. ¿Qué esperanza y ánimo puedes obtener de estas promesas? Al mismo tiempo, pregúntate: “¿Qué cosas de mi vida podrían obstaculizar
el cumplimiento de estas promesas en mí? ¿Qué cambios debo proponerme hacer en mi corazón?”

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