MIÉRCOLES 24 DE ABRIL
EL LUCERO DE LA REFORMA

Lee Salmos 19:7 al 11; 119:140 y 162; y Jeremías 15:16. ¿Qué actitudes similares tuvieron David y Jeremías hacia la Palabra de Dios, que fueron, en realidad, la piedra angular de la Reforma?

Cada uno de los reformadores se “regocijaba” en la Palabra de Dios. Se “alegraban” en hacer la voluntad de Dios. “Amaban” su Ley. Una de las verdades fundamentales más significativas de la Reforma fue el gozo que producía el estudio de las Escrituras. El estudio de la Biblia no era una tarea laboriosa. No era un ejercicio legalista. No era un requisito rígido, sino un deleite.

Mientras estudiaban las Escrituras, eran transformados por el poder del Espíritu Santo. “El carácter de Wiclef es un testimonio del poder educador y transformador de las Santas Escrituras. A la Biblia debió él todo lo que fue. El esfuerzo hecho para comprender las grandes verdades de la Revelación imparte lozanía y vigor a todas las facultades. Expande la mente, aguza las percepciones y madura el juicio. El estudio de la Biblia ennoblecerá, como ningún otro estudio, el pensamiento, los sentimientos y las aspiraciones. Da constancia en los propósitos, paciencia, valor y perseverancia; refina el carácter y santifica el alma. Un estudio serio y reverente de las Escrituras, al poner la mente de quienes se dedicaran a él en contacto directo con la mente del Todopoderoso, daría al mundo hombres de intelecto más robusto y más activo, como también de principios más nobles, que los que pueden resultar de la más hábil enseñanza de la filosofía humana” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 101).

Lee 2 Timoteo 2:1 al 3. ¿Qué consejo dio el apóstol Pablo a Timoteo en lo referente a compartir la Palabra de Dios?

La verdad de la Palabra de Dios y el gozo de la salvación en Cristo llenaban tanto el corazón de los reformadores que tenían que compartirlos. John Wycliffe dedicó su vida a traducir la Palabra de Dios al inglés solo por dos razones: el Cristo viviente lo transformó mediante la Palabra y el amor de Cristo lo motivó a compartir con los demás lo que había aprendido con otros.

Antes de Wycliffe había muy poco de la Biblia en inglés. Aunque falleció antes de que Roma llegara a él, sin inmutarse el papado desenterró sus restos, los quemó y arrojó sus cenizas a un río. Pero, así como el agua dispersó esas cenizas, así también la Palabra de Dios, el agua de vida, se extendió a lo largo y ancho como resultado de su obra. Así lo usó Dios: “El lucero de la Reforma”.

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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Gustavo Perez
Desde: Málaga, España
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