LUNES 26 DE SEPTIEMBRE
EL LIBRE ALBEDRÍO, EL FUNDAMENTO DEL AMOR
Lee 1 Juan 4:7 al 16. ¿Qué nos dice este pasaje sobre el libre albedrío como condición para cultivar el amor?

Las flores artificiales pueden ser hermosas, pero no crecen ni florecen como las reales. Los robots están preprogramados para hablar y realizar muchas tareas, pero no tienen vida ni emociones. En realidad, la vida y el libre albedrío son condiciones indispensables para que alguien reciba, cultive y comparta el amor. Por eso, nuestro amoroso Dios creó a los ángeles (incluyendo a Lucifer) y a los seres humanos con libertad para tomar sus propias decisiones; entre ellas, la posibilidad de seguir un camino equivocado. En otras palabras, Dios creó todo el Universo como un ambiente perfecto y armonioso para que sus criaturas crecieran en amor y sabiduría.

En 1 Juan 4:7 al 16, el apóstol Juan subraya que “Dios es amor” y que nos manifestó su amor al enviar a su propio Hijo a morir por nuestros pecados. Como resultado, debemos expresar nuestra gratitud por su amor infinito amándonos unos a otros. Ese amor, de origen divino, sería la evidencia más convincente de que Dios habita en nosotros y que nosotros permanecemos en él. Este llamado a reflejar el amor de Dios unos por otros solo tiene sentido si va destinado a criaturas que pueden elegir cultivar y expresar ese amor o, en cambio, vivir una vida egocéntrica. Sin embargo, se puede abusar fácilmente de la libertad de elección, un hecho triste demostrado en la trágica rebelión de Lucifer en el cielo.

Aunque reconocen la importancia del libre albedrío, algunos todavía se preguntan: Si Dios sabía que Lucifer se rebelaría, ¿por qué lo creó? La creación de Lucifer, ¿no responsabiliza a Dios, en última instancia, por el origen del pecado?

Es muy difícil especular sobre esta pregunta porque depende de muchos factores; entre ellos, el significado exacto de la palabra “responsable”. El origen y la naturaleza del pecado son misterios que nadie puede explicar completamente.

Aun así, Dios no ordenó que existiera el pecado; solo permitió su existencia, y luego, en la Cruz, tomó sobre sí el castigo máximo por ese pecado, lo que posibilita que, finalmente, lo erradique. En todas nuestras dolorosas elucubraciones sobre el mal, nunca debemos olvidar que Dios mismo pagó el precio máximo por la existencia del pecado y del mal (ver Mat. 5:43-48; Rom. 5:6-11), y que él sufrió por ellos más de lo que cualquiera de nosotros jamás sufrirá.

■ El libre albedrío, un regalo de Dios, es sagrado, pero conlleva poderosas consecuencias, no solo para ti, sino también para los demás. ¿Qué decisiones importantes estás a punto de tomar, haciendo uso de este don, y cuáles serán las consecuencias de las decisiones que tomes?

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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
IV TRIMESTRE DEL 2022
Narrado por: Pr. Robert Costa
Desde: Chattanooga, TN – USA
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