JUEVES 27 DE JUNIO
DOS ETERNIDADES

Lee 2 Corintios 5:10; Romanos 14:10 y 11; y Apocalipsis 20:11 al 15. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de por qué resucitan los impíos?

Para resolver el problema del pecado de modo que el mal nunca vuelva a surgir, todos deben estar convencidos de que Dios ha sido justo en todos sus caminos. En última instancia, toda rodilla se doblará y reconocerá la justicia de Dios en el Gran Conflicto (incluso Satanás y sus ángeles malos) y que nunca hubo justificación alguna para la rebelión contra Dios. Observa esta perspectiva de Elena de White: “Apenas se abren los libros de registros, y la mirada de Jesús se dirige hacia los impíos, estos se vuelven conscientes de todos los pecados que cometieron. Reconocen exactamente el lugar donde sus pies se apartaron del sendero de la pureza y la santidad, y cuán lejos el orgullo y la rebelión los llevaron en el camino de la violación de la Ley de Dios. Las tentaciones seductoras que fomentaron al ceder al pecado, las bendiciones pervertidas, su desprecio de los mensajeros de Dios, las advertencias rechazadas, las oleadas de misericordia repelidas por corazones obstinados y sin arrepentimiento, todo eso sale a relucir como si estuviese escrito con letras de fuego. […]

“Todos los impíos del mundo están de pie ante el tribunal de Dios, acusados de alta traición contra el gobierno del Cielo. No hay nadie que defienda la causa de ellos; no tienen excusa; y se pronuncia contra ellos la sentencia de la muerte eterna” (Elena de White, El conflicto de los siglos, pp. 724, 726).

Lee Apocalipsis 20:9; Salmo 37:20; y Malaquías 4:1 y 2. ¿Qué ideas nos dan estos pasajes acerca de la destrucción final del pecado y de los pecadores, y la recompensa de los justos?

Lo bueno es que Satanás y sus ángeles malos serán destruidos en el lago de fuego. El pecado y los pecadores serán consumidos. Según Apocalipsis 20:9, serán devorados, destruidos; no atormentados eternamente. El siguiente versículo utiliza la expresión “para siempre” o “por los siglos de los siglos” (RVR). Dependiendo del contexto, la frase “para siempre” o “por los siglos de los siglos” significa “sin fin”, pero hasta que algo se logra por completo. (Ver Éxo. 21:6; 1 Sam. 1:22, 28; Jud. 1:7; 2 Ped. 2:4-6). Para los perdidos, la destrucción en sí, no el acto de destruir, es eterna. Dios no es un torturador eterno.

A fin de cuentas, a todos nos espera una de dos eternidades. Los perdidos, lamentablemente, reciben la “paga” que merecen: la muerte eterna. ¿Por qué, entonces, nuestra única esperanza de no recibir lo que merecemos, que es la muerte, está en confiar en la justicia de Jesús?

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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Gustavo Perez
Desde: Málaga, España
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