LA CAÍDA Y EL DILUVIO
Casi todos los niños en edad escolar han escuchado la historia de una
manzana que cayó sobre la cabeza de Isaac Newton, ¡y hete aquí! Newton
descubrió la gravedad. El hecho de que le haya caído una manzana sobre
la cabeza no es el aspecto central; la cuestión es que la gran percepción
de Newton (él tampoco descubrió la gravedad; cualquiera que se haya
caído antes ya conocía la gravedad) fue comprender que la misma fuerza
que dejaba caer la manzana –la gravedad– también mantenía a la luna
en órbita alrededor de la Tierra; la Tierra, en órbita alrededor del Sol; y así
sucesivamente.
Esto era importante porque, durante milenios, muchos creyeron que las
leyes que gobernaban los cielos eran diferentes de las leyes que gobernaban la Tierra. Newton demostró que esta creencia era errónea.
Y, aunque la contribución de Newton fue en el ámbito de las leyes naturales, el mismo principio se aplica a la ley moral. La misma libertad, la
libertad inherente al amor que llevó a la caída de Lucifer en el cielo, también llevó a la caída de la humanidad en la Tierra.
Lee Génesis 2:16 y 17; y 3:1 al 7. Estos versículos sobre gente perfecta, en
un ambiente perfecto, creado por un Dios perfecto, ¿cómo revelan también la poderosa verdad sobre la libertad inherente al amor?
Después de la Caída, las cosas fueron de mal en peor, hasta el punto en
que el Señor dijo acerca de la humanidad que “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gén. 6:5).
Y, si sus pensamientos eran malos, sus acciones seguramente también lo
eran, hasta que las cosas se volvieron tan malas que el Señor destruyó el
mundo entero con un diluvio, en cierto modo para darle a la humanidad la
oportunidad de empezar de nuevo; una especie de segunda Creación. Sin
embargo, como muestra la historia de la torre de Babel (Gén. 11:1-9), la humanidad todavía parecía decidida a desafiar a Dios. “Cuando la torre estuvo parcialmente completa, una parte de ella fue habitada por los edificadores; otras secciones, magníficamente amuebladas y adornadas, las destinaron a sus ídolos. La gente se regocijaba en su éxito, loaba a dioses de oro y plata, y se obstinaba contra el Soberano del cielo y la Tierra” (PP 113). Así, además de confundir su lenguaje, Dios esparció a la raza caída por la faz de la Tierra.
Toma nota mental de tus pensamientos durante el día. ¿Qué te enseña esto sobre el estado de tu corazón?

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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
IV TRIMESTRE DEL 2021
Narrado por: Natanael Valoyes
Desde: Colombia
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