La última cena

Un pasaje bíblico de la biblia, representada en una película, en cuadros perfectos de personajes, pero más que eso es una historia real y determinante en la vida de Jesús y de sus discípulos. Y en mi vida y quizá de la tuya también.

No pienso contar el relato porque sé que muchos ya lo sabemos yo quiero llegar más allá de eso a un personaje especial, a un ser humano, a un hombre que no perdió el tiempo en saber qué diría Jesús en aquella cena, en conocer los por menores de la cena, en quién sería el primero o último, él lo único que quería era sentarse a lado de Jesús, él no quería perder ni un instante la compañía de su Maestro, de su amigo Fiel.

El quizá sabía que los minutos estaban contados. Recostado a su lado comió de la última cena. Aquel a quien muchas veces se le llama “el discípulo a quien Jesús amaba”, a quien él encomendó el cuidado de su mamá. Juan nos enseña a buscar la proximidad, la cercanía, la intimidad con Jesús. Para él no era suficiente sentarse a la mesa. Él quería estar cerca, lo más cerca posible. Dice el griego original que “se recostó junto a Jesús”.

¿Cuántos buscamos tú y yo hacer lo mismo? ¿Cuántos valoramos la intimidad con Jesús, el tiempo a solas, “recostarnos” a su pecho y dejar que sus latidos desaceleren los nuestros y nos hagan cambiar el compás para que entremos en perfecta armonía con los deseos y sueños del Maestro? Te confieso que no siempre quiero hacerlo. Pierdo el tiempo en otras cosas, en esta vida que nos quiere apabullar con las trivialidades de la vida.

¡Cómo nos dejamos engañar!

Quiero aprender de Juan, él buscó lo mejor. Quiero sentarme a la mesa con Jesús, cada día, cada instante. su banquete satisface más que cualquier otro manjar. Si tan solo lo recordáramos lo suficiente no andaríamos buscando migajas.

Hoy recordamos esta fecha importante pero solo queda ahí en una fecha, en una historia, en un relato bíblico, o es que tiene que ir más allá de toda palabrería, de golpes de pecho. o de una simple emoción y ya está?

Jesús vino a cumplir un propósito de amor en tu vida en mi vida, vino a Morir por ti, por mí. Lo creas o no fue así y no puedes cambiar el rumbo del tiempo solo queda una cosa ACEPTAR POR AMOR…

La Biblia describe lo que Dios hizo por nosotros: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” San Juan 3:16

Y es que leer este pasaje tendría que ser la respuesta suficiente a cualquier pregunta que podamos tener, a cualquier queja que queramos hacer sobre la existencia de Dios y sobre el amor que nos tiene a nosotros los seres humanos.

Imagínate: Dios sin tener la necesidad de hacerlo, decide enviar a su único Hijo para que muriera por billones de personas que, a pesar de no ser merecedores de ese acto, aun así, Dios decide hacerlo solo por AMOR, ese amor que no es comparable a cualquier otro amor que exista, ese amor que solo puede emanar del Creador del Amor: Dios mismo.

Lo más lindo de este acto es que Dios no envió a su único Hijo para condenarnos, sino que, al contrario, lo hizo solo por salvarnos, la Biblia dice: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” Juan 3:17.

Se necesita tener un corazón sensible para poder interpretar estas palabras escritas que lo único que reflejan o demuestran es lo mucho que le importamos a Dios, que a pesar de merecer condenación toma la decisión de morir por nosotros para salvarnos y no condenarnos.

Ese acto de amor que Dios hizo por ti y por mi merece todo nuestro reconocimiento y no hablo solo de un día específico o de una semana en especial, pues su acto fue para toda nuestra vida, para cada día de nuestra existencia, para poder ser partícipes de una eternidad junto a Él.

Cada día de nuestra vida tendría que ser un homenaje a ese acto de amor que Él hizo por nosotros.

Nuestra manera de vivir tendría que honrar su sacrificio, nuestra manera de hablar tendría que hacerse escuchar, lo agradecidos que estamos por lo que Él hizo por nosotros, nuestras acciones deberían reflejar lo agradecido que estamos por cuanto nos salvó en lugar de condenarnos.

Que la sola mención del nombre de Jesús me haga abrir las puertas de mi corazón que tantas veces quiero cerrar. Que al escuchar Jesús rinda todos mis planes, agendas, y esté preparada o preparado.

Que cuando el Maestro llame yo siempre responda ¡aquí estoy, list@ Señor Jesús!

Bendiciones

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Linda R

Acerca Del Autor

Linda Rumrril

Hija de Dios, esposa, maestra y escritora. A través de este blog, deseo compartir contigo mi experiencia vivida cada día tomada de la mano de Jesús.