09 DE NOVIEMBRE
LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS
«Pero vosotros aborrecéis lo bueno y amáis lo malo. […] Un día clamaréis a Jehová, pero él no os responderá […] por cuanto hicisteis obras malvadas» (Miqueas 3:2, 4, R195).
Múnich, Alemania, 9 de noviembre de 1938. La noche de los cristales rotos. Duró dos días. Se rompieron escaparates y se golpeó a sus propietarios. Las tiendas fueron saqueadas y quemadas. La mercancía, destruida. Bandas de jóvenes nazis irrumpieron en hogares judíos, golpearon a jóvenes y ancianos, y destrozaron sus posesiones, incluidos sus objetos sagrados de culto. Veinte mil judíos fueron arrestados y al menos 36 hombres, mujeres y niños judíos alemanes fueron asesinados. Esto fue solo el principio, ya que algunos historiadores dicen que el Holocausto comenzó esa noche.
Lamentablemente, la mayoría de los alemanes no se opusieron a este trato de sus asociados y vecinos. Tal vez se sintieron impotentes y asustados, o tal vez creyeron la propaganda nazi antijudía. Tampoco las iglesias protestaron. Una por una se aprobaron leyes, cada una de las cuales negaba a los judíos otra libertad. Por ejemplo, se exigía a los judíos que entregaran al gobierno todos los objetos de metales preciosos que tuvieran: joyas, anillos de boda, candelabros… Los judíos que vivían en ciudades alemanas tenían que irse a los guetos. Se les retiró el permiso de conducir. No podían salir a la calle después de las 21:00 horas.
Entonces los líderes alemanes tuvieron una reunión muy importante. Los campos de concentración ya estaban instalados en Alemania, Polonia y otros países. Hitler envió una carta diciendo que la cuestión judía tenía que ser resuelta de una manera u otra. La llamaron «La Solución Final»: la matanza de todos los judíos. Comenzaron muchos años de sufrimiento para el pueblo judío en Europa, aunque gran parte del mundo no lo supo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En los años transcurridos desde entonces, muchos han estudiado el Holocausto para intentar entender como personas comunes y corrientes pueden, a causa del odio, transformarse tanto como para llegar a torturar y matar a inocentes.
Por supuesto, el odio no siempre llega a tales extremos. Puede adoptar la forma de pequeños desaires e insultos hacia personas que percibimos como «diferentes», como por ejemplo adolescentes que no se visten del todo bien, o que a uno le parecen «raros» por algún motivo. Simplemente no encajan. Sé consciente de esto en tu propia escuela e iglesia. No te permitas nunca dar ni siquiera los primeros pasos hacia un mal como la discriminación, el desaire, el insulto o el odio.
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UN SALTO EN EL TIEMPO
Devoción Matutina para Adolescentes 2022
Narrado por: Isa Valen
Desde: Buenos aires, Argentina
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