17 DE DICIEMBRE
“LOS AMARÉ DE PURA GRACIA

Yo los sanaré de su rebelión, los amaré de pura gracia, porque mi ira se apartó de ellos (Oseas 14:4).

En cierta ocasión, P. D. East, un agnóstico editor de un periódico anticristiano, le preguntó a Will Campbell, profesor de Teología y uno de los principales activistas de los derechos civiles en los Estados Unidos durante la década de 1960: “Si usted pudiera resumir el mensaje cristiano en diez palabras o menos, ¿cuál sería ese mensaje?”. Campbell respondió: “Dios nos ama, aunque todos somos unos bastardos”.
Poco después de este incidente, Jonathan Daniels, un amigo de Campbell, fue asesinado por Thomas Coleman, un policía de Alabama que se negaba a aceptar la igualdad de derechos entre negros y blancos. Una vez más, P. D. East se encontró con Campbell y lo confrontó: “Si todos somos unos bastardos, su amigo Daniels también lo era, ¿verdad?”. “Sí, lo era”, agregó Campbell. East volvió a la carga: “Y su asesino, el señor Coleman, era otro bastardo, ¿no es cierto?”. “Por supuesto”, replicó Campbell. Entonces East, mirándolo fijamente a los ojos, le hizo la pregunta final: “¿A cuál de estos dos bastardos ama más Dios?”. *
¿Qué respuesta le darías tú al señor East? El mismo Campbell confesó que le resultaba difícil aceptar que Dios pudiera amar, perdonar y redimir a una persona que entró en una tienda y segó la vida de un hombre indefenso. ¡Es una locura que Dios nos ame a pesar de nuestra maldad, pero eso es lo que enseña la Biblia!
En un tiempo cuando la nación padecía una mortífera enfermedad espiritual, Dios le prometió: “Yo los sanaré de su rebelión. Los amaré de gracia” (Oseas 14:4). El profeta está hablando de un amor espontáneo, voluntario, incondicional. Así es el amor de Dios. En una de las declaraciones más bellas de sus escritos, Elena G. de White dice: “Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 691). Y ese amor, ese ilimitado océano de gracia, es suficiente para perdonar a todos los que somos bastardos.
* Philip Yancey con Brenda Quinn, Gracia divina versus Condena humana (Miami, Florida: Editorial Vida, 1998), pp. 164-166.

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Devoción Matutina Para Adultos 2023
Narrado por: Roberto Navarro
Desde: Montreal, Canada
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