20 DE MAYO
“LA MUERTE HA SIDO DEVORADA”

Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: “La muerte ha sido devorada por la victoria” (1 Corintios 15:54, NVI).

El 18 de junio de 1805 se llevó a cabo la famosa batalla de Waterloo, en la que el general Arthur Wellesley, el duque de Wellington, derrotó a Napoleón. Cuenta una anécdota que cuando Wellington notificó a la corona británica que había vencido al comandante francés, la información no llegó en su totalidad. El mensaje original decía: “Wellington derrota a Napoleón”. Pero al pasar de una estación a otra, el mensaje quedó distorsionado y solo llegó: “Wellington derrota”. La coalición de aliados, encabezados por Inglaterra, supuso que Wellington había sido vencido. ¡Qué sorpresa se llevaron cuando pudieron leer el mensaje completo y descubrir que había conseguido la victoria!
Algo similar les ocurrió a los discípulos aquel viernes por la tarde, cuando dejaron a Jesús en una oscura y fría tumba; todo parecía indicar que el Señor había perdido la batalla, que las fuerzas del mal ondeaban la bandera de la victoria delante de ellos. La muerte de Cristo puso en entredicho la fe de sus más fieles seguidores, tal y como deja entrever una de las declaraciones de los dos viajeros que se dirigían a Emaús: “Nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel” (Lucas 24:21, NVI). Aquel viernes por la tarde todo parecía indicar que Satanás se había alzado con la victoria. Pero esa victoria fue aparente y fugaz, pues el primer día de la semana Jesús echó por tierra el poder de nuestro más poderoso enemigo: la muerte.
A diferencia del muchacho resucitado por Elías (ver 1 Reyes 17:21-23) y de Lázaro (ver Juan 11), que volvieron a morir, Jesús se levantó de los muertos para vivir para siempre. Su muerte destruyó “al que tenía el imperio de la muerte” (hebreos 2:14). Como dijo Pablo: “La muerte ha sido devorada por la victoria” (1 Corintios 15:54, NVI). Aquí vemos el cumplimiento de lo que había vaticinado Isaías: “[Dios] destruirá a la muerte para siempre” (Isaías 25:8). El Señor de la vida le dijo a la muerte: “Oh muerte, yo seré tu muerte” (Oseas 13:14, RV60).
Esa victoria también es nuestra y, por lo tanto, podemos oír el mensaje completo: “¡Gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (1 Corintios 15:57, NVI).
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YO ESTOY CONTIGO
Devoción Matutina Para Adultos 2023
Narrado por: Roberto Navarro
Desde: Montreal, Canada
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