28 DE ENERO
“DEFENDERÉ ESTA CIUDAD Y LA SALVARÉ”
Por mi causa y por consideración a David mi siervo defenderé esta ciudad y la salvaré (2 Reyes 19:34, NVI).
La promesa que acabamos de leer fue hecha cuando el pueblo de Dios atravesaba uno de los momentos más desafiantes de su historia: la invasión del rey asirio Senaquerib. La sangre fría y el ingenio de los asirios para atemorizar a los habitantes de Jerusalén hizo que la situación pareciera irredimible. De acuerdo con el relato registrado en 2 Reyes 18 y 19, Isaías 36 y 37, y 2 Crónicas 32, el enviado asirio le recordó a Judá que ninguna nación de la tierra había podido resistir los embates de los ejércitos asirios, que ninguno de los dioses de esos pueblos había podido evitar la destrucción y que el mismo Jehová les había ordenado marchar contra la nación de Judá.
Pero no tenemos únicamente la versión bíblica de esos acontecimientos, el mismo Senaquerib nos cuenta de sus incursiones contra Jerusalén en el Prisma de Taylor, que se conserva en el Museo Británico. Este prisma de seis caras contiene los anales de este rey asirio, que aseguran que Senaquerib encerró a Ezequías, el rey de Judá, “como a un ave en una jaula en medio de Jerusalén”. Que los asirios disfrutaban redactando documentos “diplomá- ticos” queda demostrado en la carta que le entregaron a Ezequías, en la plasmaban con soberbia nitidez cada uno de sus abusivos requerimientos.
¿Qué hacer cuando nos sentimos enjaulados ante un gran problema que parece no tener solución? El ejemplo de Ezequías constituye una excelente respuesta a ambas preguntas. Dice el cronista bíblico que “Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó. Luego subió al templo del Señor, la desplegó delante del Señor, y en su presencia oró” (2 Reyes 19:14, 15, NVI). Aquí se nos describe a un Ezequías que asume una postura sacerdotal. La frase “delante del Señor” literalmente significa “en el rostro del Señor”, ante su presencia. En lugar de ofrecer un sacrificio, el rey presentó su problema delante del único que podía resolverlo. La Biblia dice que el Señor oyó a su siervo y que Judá fue liberada.
Recordemos que nuestros peores momentos constituyen nuestra mejor oportunidad para que acudamos delante del Señor y le entreguemos todos nuestros problemas. El Dios que oyó a Ezequías y defendió a Judá está dispuesto a hacer lo mismo por nosotros.
James B. Pritchard, ed., Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, 3rd ed. with Supplement (Princeton: Princeton University Press, 1969), p. 288.

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