31 DE MAYO
“ALABARSE: EN ENTENDERME Y CONOCERME

Alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra (Jeremías 9:24).

Las fábulas de Esopo siguen cautivando a grandes y chicos, a pesar de haber sido escritas hace más de dos mil seiscientos años. Una de mis favoritas es la del perro que mordía a todos los que pasaban cerca de él. Cansado de protestas de la gente, un día su amo le puso un cencerro, la campanita que se les pone en el pescuezo a algunos animales, especialmente al ganado. La idea era advertir a la gente para que tan pronto escucharan el sonido del instrumento se percataran de la presencia del temido animal.
El problema vino cuando el perro creyó que su cencerro era una especie de corona y se ufanaba de que los demás perros no tenían ese adorno en su cuello. Cansado de la altanería del canino, el perro más veterano del barrio le dijo: “¿Cómo eres tan necio e ignorante, que crees que tu amo te ha hecho el honor de ponerte ese cencerro? Sabe, pues, que ese cencerro es tu mayor vergüenza, y un testimonio de tu maldad, para que todos se guarden de ti”. Entonces Esopo introduce su moraleja: “Muchos se vanaglorian de lo que deberían avergonzarse, y hacen gala de su misma infamia”. *
Uno podría pensar que el perro era tonto, pero los seres humanos también solemos vanagloriarnos de lo que debería ser motivo de vergüenza. El salmista se pregunta: “¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, ¿Jehová, se gozarán los impíos? ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras y se vanagloriarán todos los que hacen maldad?” (Salmo 94:3, 4). Y esos impíos somos todos nosotros. Según Pablo, el descaro llega a un nivel tan grande, que no solo practicamos la maldad, “sino que también [damos nuestra] aprobación a los que la practican” (Romanos 1:32, LBLA).
Pero si queremos insistir en alabarnos, entonces esta es la recomendación divina: “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Más alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan, dice Jehová” (Jeremías 9:23, 24). Esa es la alabanza que le agrada a nuestro Padre celestial.
* Esopo, Fábulas esópicas (Madrid: Mestas Ediciones, 2004), p. 108.

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Narrado por: Roberto Navarro
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