13 DE DICIEMBRE
EL TEMOR REVERENTE
Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Hebreos 5:7.
El texto de hoy incluye la tercera palabra para “temor” en el Nuevo Testamento, del griego eulábeia. Aparece dos veces en el Nuevo Testamento, ambas en el libro de Hebreos. La mejor traducción es: piedad, temor frente a lo divino, cuidado tembloroso. * Una imagen gráfica de eulábeia es la manipulación cuidadosa de un vaso precioso, pero frágil, que podría romperse con facilidad si es maniobrado bruscamente; quien lo va a tocar siente que podría estropearlo y se llena de una reverente ansiedad. Ese sentimiento es eulábeia, imagen que debería estar en tu mente cuando te acercas a la presencia divina. Así fue el temor que Jesús tuvo hacia su Padre, fue su actitud cuando oraba. Así fue su actitud agonizante en el Getsemaní. Clamó por liberación, pero estuvo dispuesto a enfrentar la humillación, la separación de su Padre y la muerte a cambio de la obediencia.
Acércate a Dios con eulábeia, sagrado y tembloroso temor. Termina tus oraciones con eulábeia, diciendo: “Hágase tu voluntad”. Deja al Padre proceder, como lo hizo Jesús, quien, aunque presente en la creación del mundo como Dios, demuestra un sentido abrumador de reverencia. “Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5:8). Él, que por las edades sin fin fue obedecido, a quien se le someten los ángeles; en su sufrimiento y vida terrenal aprendió la obediencia reverente (eulábeia).
Cuando ores, asegúrate de haber orado con sumisión reverente, con la voluntad de aceptar y hacer lo que Dios quiere. Revisa tu actitud cuando oras: ¿A qué se parece? ¿A los gritos de una niña malcriada para conseguir un capricho de su padre? ¿A la de una sierva que se acerca a su Señor o una dueña que ordena a su esclavo cumplir tus deseos? ¿Son súplicas o exigencias? ¿Cómo te acercas al trono, con el estruendo de tus angustias, o como quien sostiene un vaso frágil, fino y costoso? “Nunca se lo debiera pronunciar (el nombre de Dios) a la ligera o con indiferencia. Hasta en la oración habría que evitar su repetición frecuente o innecesaria. ‘Santo y temible es su nombre’. Los ángeles, al pronunciarlo, cubren sus rostros. ¡Con cuánta reverencia deberíamos pronunciarlo nosotros que somos caídos y pecadores!” (Ed, p. 218). Acércate a Dios con eulábeia.

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HIJA MÍA, NO TENGAS MIEDO
Devoción Matutina Para Mujeres 2023
Narrado por: Sirley Delgadillo
Desde: Bucaramanga, Colombia
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