03 DE NOVIEMBRE
SENTIDOS EXTRAVIADOS
Me temo que, así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así también los sentidos de ustedes sean de alguna manera apartados de la sincera fidelidad a Cristo (2 Corintios 11: 3).
ESTÁBAMOS DE VACACIONES CON MIS PADRES Y MI HERMANA LIDIA. En más de una oportunidad fuimos a pasar el día a una pileta, ya que ese verano fue sumamente caluroso. En la primera ocasión, observé el agua cristalina y estuve a punto de sumergirme. La voz de mi padre me hizo retroceder, ya que me advirtió que esa pileta era profunda y yo, con tan solo 5 años de edad, no sabía nadar. Obedecí, pero al seguir mirando el agua fresca y la gente bañándose, me convencí que no era tan honda como mi padre lo había dicho y sin pensarlo más, me zambullí. Rápidamente, comencé a hundirme y a tragar agua, hasta que el brazo de mi padre rodeó mi cuerpo y me sacó.
Cuando el apóstol Pablo le escribió a los corintios, temía que estos fueran engañados como lo fue Eva y que sus sentidos espirituales se extraviaran «de la sincera fidelidad a Cristo». Así como el agua llegó a convencerme de que no había profundidad en esa pileta, asimismo, la tentación convence al pecador de que no hay peligro en ceder al pecado.
Tristemente, el tentado ve solo un espejismo, porque el pecado consumado arruina, pervierte, extravía y mata. Así ocurre con cantidad de adolescentes y jóvenes que se aventuran a probar las drogas, sin creer que se convertirán en adictos y entrarán en un laberinto del cual no todos logran salir. De igual manera le acontece a todos aquellos que juguetean con la infidelidad matrimonial, hasta que un día se encuentran descubiertos, causando dolor y angustia al consorte y a los hijos. La tentación también distorsiona los sentidos del ladrón al convencerlo de que nunca será descubierto, hasta que un día es expulsado del trabajo por fraude y cargará con una mancha que difícilmente se borrará.
Pero, aunque muchos sean arrastrados por las profundidades del pecado, hay un Padre en los cielos que extiende su brazo para socorrer y salvar al pecador más perdido. No importa cuán profundo esté sumergido en el pecado, el Padre celestial querrá salvarlo. Ese Padre eterno es uno que no conoce la derrota y dio a su Hijo para salvarnos de la consecuencia más terrible del pecado: la muerte eterna. El Padre permitió que Jesús sufriera en la cruz y cargara con toda la desgracia humana para que cada mortal tuviera la oportunidad de recibir la inmortalidad. Alaba a Dios por la grandeza de su amor; alábalo porque te regaló la salvación.
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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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