03 DE SEPTIEMBRE
NO NOS PUEDE OBLIGAR
Reconozco que he pecado contra el Señor, el Dios de Israel. Voy a decirte lo que hice (Josué 7: 20).
ISRAEL AVANZABA CON PASO SEGURO POR LAS TIERRAS CANANEAS. La toma de Jericó fue espectacular. Después de siete días de marcha silenciosa alrededor de la ciudad, los israelitas la rodearon y gritaron con todas sus fuerzas. Dios peleó por ellos y esos grandes muros de piedra que protegían a Jericó cayeron como si hubieran sido de arena. Cada israelita avanzó hacia adelante, tomaron la ciudad y le prendieron fuego.
Mientras la tomaban, Acán, un descendiente de la tribu de Judá, entró en la propiedad de un hombre rico de Jericó. Después de terminar con su vida, vio en un rincón de la vivienda «un manto babilónico muy hermoso, doscientas monedas de plata, y un lingote de oro que pesaba más de medio kilo» (Jos. 7:21). En ese momento recordó que Josué había dicho que todo el botín pertenecía Dios, ya que la ciudad solo podría ser conquistada por intervención divina. Pero si tomaba esas riquezas, ¿quién se daría cuenta? Había tanto para entregar al tesoro del santuario que nadie sospecharía del faltante.
Pero Acán olvidó que Dios lo estaba observando.
¿Podía Acán evitar el robo? ¿Tenía poder el diablo para obligarlo a caer o tenía él alguna alternativa para rehusar el pecado? «Es verdad que Satanás es el gran originador del pecado; pero esto no excusa los pecados de nadie; porque él no puede obligar a los seres humanos a hacer el mal. Los tienta a hacerlo, y presenta el pecado como algo atractivo y agradable; pero tiene que dejar que ellos decidan si lo van a cometer o no. No obliga a los hombres a embriagarse, ni los obliga tampoco a no asistir a las reuniones religiosas; presenta sus tentaciones de manera que induce a hacer el mal, pero el hombre es un ser moralmente libre, que puede aceptar o rechazar sus insinuaciones» (Elena G. White, Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 264).
Actualmente el enemigo sigue usando los métodos de antaño. El hombre recuerda la ley divina y los requerimientos de la Palabra de Dios, pero el tentador pone el pecado en una esfera fascinante y, el ser humano, como si estuviera hechizado, quebranta la ley de Dios. Es así como el robo, la mentira, la infidelidad sexual, el asesinato y todo tipo de pecados se cometen en nuestra sociedad como algo corriente. Pero en esta guerra espiritual, lo más importante es que somos seres «moralmente libres» y el enemigo jamás podrá obligarnos a pecar. Jesús pone a nuestro alcance su poder, para resistir la tentación y vivir de acuerdo con su Palabra.

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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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