15 DE JUNIO
PROTOCOLO DIVINO

«Pacientemente, espere a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor,» Sal. 40:1

La realeza manifiesta su condición con protocolos. ¿Sabías que a los reyes no se les debe hablar hasta que ellos se dirijan a ti? ¿Que si te preguntan debes contestar con respeto y añadiendo «Su Majestad»? ¿Qué no puedes usar un vestido del mismo color que la reina en un acto público? ¿Qué no puedes fotografiar a los reyes mientras están comiendo? Por cierto, la comida se acaba cuando el monarca da el último bocado y el evento empieza cuando llega el rey o la reina. La realeza no espera. Y algo que nunca se debe olvidar es hacer la reverencia, inclinarse ante la majestad.
Si hay una monarquía atada a estos protocolos es la británica, por eso ha llamado mucho la atención una práctica del príncipe Guillermo de Inglaterra. Se agacha para hablarle a su hijo. Es algo que rompe con las normas, pero que tiene una razón de enorme valor: desea fortalecer la emocionalidad de su pequeño. Es una práctica educativa que se llama «escucha activa» y que permite que nos acerquemos a los niños de manera que se sientan importantes y queridos. Guillermo ama demasiado a su hijo como para que la normativa los distancie. Es un ejemplo a seguir.
David, como si fuera un niño travieso, de tanto correr alocadamente, había caído en el barro de las dificultades. Emocionalmente dolido se quedó allí, esperando a que llegase su Padre. El tiempo parecía alargarse (y la ansiedad tiende a desesperarnos). Pero David se lo tomó con paciencia, o sea, que aceptó los tiempos de Dios. Quizá no pasó tanto en el lodo, pero le supo a una eternidad. Dios se agachó hasta él, les miró a los ojos y escuchó su lamento. Entre sollozos le contó que se había caído, que se había manchado, que había sido sin querer, pero que no sabía qué hacer. Y Dios le consoló. Dice el salmista: «Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios» (Sal. 40:2-3). El Señor alzó en el aire a David, lo colocó en un lugar seguro, limpió sus piernas y juntos cantaron una nana. Dios abandonó todo protocolo divino, toda normativa mayestática para mirar a los ojos a su hijo. A su altura.
Ese mismo Dios anhela hacer de igual manera contigo. No te impacientes porque, en su momento, se agachará hasta ti, te limpiará las lágrimas y te recordará que es tu Padre.

===================
CARÁCTER
Devoción Matutina para Jóvenes 2023
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
===================
|| www.drministries.org ||
===================