18 DE MARZO
DESPERTANDO ADMIRACIÓN POR DIOS
¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que se agradó de ti y te puso en el trono de Israel! Yo sé que el Señor siempre ha amado a su pueblo Israel. Por eso te puso como su rey, para que lo gobiernes con rectitud y justicia (1 Reyes 10:9).
EN TÉRMINOS GENERALES, nuestra sociedad manifiesta un ateísmo práctico. Dios no es mencionado y mucho menos alabado entre los hombres de ciencia, en los medios de comunicación ni en los grandes acontecimientos mundiales. El enemigo de Dios, «el príncipe de este mundo» (Juan 12:31), se las ingenió para que las criaturas de esta tierra ignoren a su Creador.
Los que amamos a Dios tenemos el deber de darlo a conocer como lo hizo Salomón. Luego de esa oración memorable (en la que el rey de Israel pidió sabiduría) y de la construcción del primer templo que hubo en Jerusalén, la fama de Salomón llegó hasta países y tierras muy distantes.
Entre las personas que viajaron para conocer al rey de Israel, hubo una mujer sabía que reinaba sobre las tierras de Sabá (probablemente sur de la península arábiga). Ella había escuchado de la sabiduría de Salomón, pero no aceptó los comentarios de sus súbditos, hasta que ella en persona viajó y puso a prueba al rey con preguntas difíciles. Todos sus interrogantes tuvieron respuesta. «La reina quedó estupefacta y comprobó que la extraordinaria sabiduría de Salomón sobrepasaba en la realidad a todo lo que se había dicho. Se sintió especialmente maravillada por la belleza y la magnificencia del palacio real, lo mismo que por la disposición de los edificios, en la que advirtió la notable capacidad del rey. Pero lo que llevó su admiración al colmo fue la casa llamada La selva del Líbano, la esplendidez de las comidas diarias, los preparativos, el servicio, la indumentaria de los criados, y la hábil y correcta atención que ponían en sus funciones. No menores admiraciones le produjeron los diarios sacrificios ofrecidos a Dios y los cuidadosos servicios de los sacerdotes y los levitas» (Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, t. 2, p. 92). Toda la fascinación que el reinado de Salomón provocó en la reina, la llevó a exclamar: «El Señor tu Dios sea bendito».
En estos tiempos donde el mundo manifiesta que no conoce al Dios verdadero, tú y yo tenemos el sagrado deber de mostrarlo a través de nuestras palabras y nuestro ejemplo. Así como Salomón obtuvo de Dios una sabiduría extraordinaria, cada uno de nosotros tenemos que orar para que nuestros talentos y nuestras buenas obras, despierten la admiración de los incrédulos y «glorifiquen a Dios» (1 Ped. 2: 12).

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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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