21 DE AGOSTO
UN SEPULCRO USADO DOS VECES
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había sido cavado en una peña. Después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue (Mateo 27: 59-60).
JOSÉ DE ARIMATEA ES CONOCIDO EN LAS ESCRITURAS como el hombre que entregó su propia tumba para el entierro de Jesús. Era rico, tenía muchas posesiones y una gran influencia, ya que era uno de los setenta hombres que formaban parte del Sanedrín. Fue un discípulo de Jesús y al igual que Nicodemo procuró no demostrarlo por miedo a perder su posición entre los judíos. Aun así, creyó en Jesús como el Mesías prometido, y cuando el Sanedrín acordó matar a Jesús, José de Arimatea «no había estado de acuerdo con lo que los del tribunal planearon» (Luc. 23:51).
Luego que Jesús fuera crucificado, «con mucha osadía se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús» (Mar. 15:43). Ya no importaba la reputación ni los comentarios que el Concilio pudiera realizar. Su amor por el Maestro de Galilea era mayor, y desde ese momento su fe en Jesús se expuso sin titubeos.
José había hecho labrar en la piedra un sepulcro para él mismo. «Era bastante frecuente encontrar en los alrededores de Jerusalén sepulcros excavados en la roca. En ocasiones tenían varias cámaras funerarias y en otros solo una. Generalmente tenían en la cámara funeraria un banco largo de piedra o un hueco en la pared donde se colocaba el cadáver. La entrada se cerraba con una gran piedra plana, en forma redondeada, semejante a una piedra de molino, pero de mayores dimensiones, que se rodaba sobre la base y parte superior de la entrada» (Samuel Pérez Millos, Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento: Mateo, p. 2062).
Cuando José de Arimatea entregó el sepulcro para Jesús, no sabía que el Salvador solo lo usaría por algunos días. El Hijo de Dios resucitó y esa gran piedra que cerraba la entrada, giró como un canto rodado ante el poder del Autor de la vida. Es muy probable que esa cueva ahora esté ocupada por el cuerpo muerto de José, quien escuchará la voz del Salvador en su segunda venida y volverá a vivir para reencontrarse con su amigo Jesús.
¡Cuántas personas conoceremos en la segunda venida, que de manera casi anónima sirvieron a Jesús con todo su corazón! ¡Qué alegría será encontrarnos con ellos y escuchar los relatos sobre el servicio que brindaron al Hijo de Dios! Prepárate día a día para compartir un lugar junto a ellos en las mansiones celestiales.

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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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