21 DE FEBRERO
EN SUS BRAZOS
Ustedes son testigos de que, en el desierto, y por todo el camino que han recorrido, el Señor su Dios los ha traído como un padre que lleva a su hijo de la mano, hasta llegar a este lugar (Deuteronomio 1:31).
ISRAEL ESTABA A PUNTO DE ENTRAR EN LA TIERRA PROMETIDA. Ya habían finalizado los cuarenta años de peregrinaje en el desierto y la promesa de Dios ya era una realidad. Dios deseaba que su pueblo nunca olvidara la historia que había protagonizado, para que en las generaciones futuras supieran que a este pueblo lo había guiado la Providencia.
Mientras era pequeño, recuerdo a toda mi familia disfrutar los sábados de noche en la iglesia, mi padre jugando al voleibol o a las bochas, mi madre conversando con otras madres, y mi hermana Lidia y yo jugando con diferentes amiguitos. Era muy divertido jugar con todos ellos y yo disfrutaba mucho de esas horas de recreación. Pero una vez terminado a altas horas de la noche, teníamos que regresar para descansar. Es esos años mis padres no tenían automóvil, así que debíamos volver a mi hogar en colectivo. Con Lidia, ya cansados de jugar, viajábamos casi dormidos, pero yo no permitía dormirme totalmente, porque no me resultaba agradable despertarme para bajar del ómnibus y caminar luego algunas cuadras hasta mi hogar. En esto Lidia tenía una ventaja: por ser más pequeña que yo, si se dormía, mi padre la llevaba en brazos desde el colectivo hasta nuestro hogar, y una vez allí, Lidia era dejada en su cama donde continuaba con el descanso. A esta altura yo tenía siete u ocho años de edad, y no quedaba bien que mis padres me llevaran en brazos, pero ¡cuánto deseaba ocupar el lugar de Lidia!
«El Señor su Dios los ha traído como un padre que lleva a su hijo de la mano, hasta llegar a este lugar», era el recordativo que Moisés quería dejar en el pueblo. ¿Y cómo lleva el padre a su hijo? Con amor, con cuidado, con el deseo que ese hijo esté también donde está él. De esa manera Dios los había conducido durante cuarenta años y de la misma manera los quería seguir conduciendo.
Hoy, a casi 3500 años de dicha travesía, Dios desea conducirnos como lo hizo con los israelitas. Con todo el amor y el cariño que manifiesta un padre al llevar a su hijo, así nuestro Padre eterno quiere guiarnos en el camino de esta vida hacia la Canaán celestial.
En este día permítele a Dios que te lleve en sus brazos de amor.

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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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