22 DE MAYO
«DEMASIADO POBRE PARA PAGAR»
«Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal» (Mateo 6: 12).

Un médico que por muchos años se había desempeñado en una aldea, cuando murió, dejó a su viuda todo lo que poseía. La mujer era muy codiciosa y pidió a los ejecutores del testamento que cobraran todas las deudas pendientes. Cuando estos comenzaron a examinar los libros del extinto, descubrieron que todas estaban canceladas. La página estaba cruzada por las palabras: «Perdonado. Demasiado pobre para pagar».

La esposa argumentó que eran deudas y que debían ser cobradas, pero los hombres le mostraron los libros y le preguntaron: «Señora, ¿reconoce la letra de su esposo?». Cuando ella respondió afirmativamente, le dijeron: «Entonces esa gente está perdonada; no le debe ni un centavo. Su esposo se chaquearía si supiera que usted está insistiendo en cobrar ese dinero. Las deudas han sido perdonadas y canceladas».

Eso es lo que Cristo ha hecho. Canceló nuestra deuda cuando nosotros no teníamos con qué pagar. Nos ha perdonado gratuitamente con su propia sangre. Qué importante es que perdonemos a los demás. Qué despiadados seríamos si aceptáramos el perdón gratuito del Cielo y continuáramos albergando odio contra nuestro hermano. La pregunta que debiéramos hacernos no es, ¿cómo me trata mi hermano? Sino ¿cómo me trató Jesús? ¿Cuál fue su ejemplo en la cruz? Jesús oró por sus enemigos y perdonó a los que lo había maltratado.

Cuando las piedras desgarraban su cuerpo, Esteban alzó su voz y dijo: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Ese acto, propio de Cristo, conmovió el corazón del arrogante Saulo de Tarso. Aunque continuó persiguiendo a los cristinos, no pudo borrar de su memoria aquella escena. En su momento, el cruel perseguidor se convirtió en el abnegado predicador de la cruz. William Shakespeare afirmó: «El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe».

A nadie le agrada verse en la necesidad de pedir perdón cuando ha ofendido a alguien; pero es un requisito necesario para disfrutar de paz interior y estar en armonía con Dios. Si tienes que hacerlo, no postergues el momento. Y si alguien te pide perdón por haberte ofendido, no demores en perdónalo sin abrigar resquemores contra esa persona.
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DECIDETE HOY
Devoción Matutina para Jóvenes 2024
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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