24 DE OCTUBRE
¿CREER O DUDAR?
Jesús le dijo: «Tomás, has creído porque me has visto. Bienaventurados los que no vieron y creyeron» (Juan 20: 29).
¿CREER O DUDAR DE LA PALABRA DE DIOS? Esta pregunta la llevamos los humanos en nuestros genes. Eva, la madre de todos los mortales, dudó de la Palabra de Dios y le creyó a una serpiente.
En un bello diálogo teológico-existencial que mantuve a través del correo electrónico con un tío al que quiero mucho, este me expresaba: «A medida que avanzamos en nuestro diálogo, esa bifurcación que acordamos ambos al inicio, que se produce entre un creyente en y uno que duda de la Biblia, esa bifurcación, digo, la imaginaba como una “Y griega” con sus brazos superiores separándose a 45°. Hoy me queda la sensación que la separación se asemeja más a un ángulo llano de 180°. Si bien en ambos casos, extendiendo imaginariamente más y más los brazos la separación se agranda, en el segundo, termina uno en las antípodas del otro».
«Este preámbulo lo hago porque valido, nuevamente, tu conclusión inicial que he marcado en rojo. “Creer que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios se acepta por fe o se rechaza”».
Así de simple. Se decide creer o se decide dudar. Tomás había escuchado el relato de sus condiscípulos que la tumba de Jesús estaba vacía, que había resucitado y que se había aparecido a diez de ellos, pero Tomás decidió dudar y lo expresó: «Si yo no veo en sus manos la señal de los clavos, ni meto mi dedo en el lugar de los clavos, y mi mano en su costado, no creeré» (Juan 20:25).
Luego que Jesús se le apareció, Tomás lo reconoció como Señor y Dios, pero Jesús lo reconvino diciéndole: «Tomás, has creído porque me has visto. Bienaventurados los que no vieron y creyeron».
Al igual que Tomás, «muchos son los que […] caminan como si anduvieran en una tierra salitrosa o en desierto reseco. Demandan poco, cuando podrían pedir mucho, puesto que las promesas de Dios no tienen límite. Los tales no representan acertadamente la santificación que resulta de la obediencia a la verdad. El Señor desea que todos sus hijos sean felices, apacibles y obedientes. Al ejercer fe, el creyente llega a poseer estas bendiciones. Mediante la fe se suple cada deficiencia del carácter, se lo purifica de toda contaminación, se corrige toda falta, se desarrolla toda excelencia» (Elena G. White, Los hechos de los apóstoles, p. 465).
Y en tu vida espiritual, ¿ejerces fe en la Escritura o te detienes en las dudas? Tú decides.

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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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