25 DE NOVIEMBRE
CARDIOMEGALIA

«Entonces lo verás y resplandecerás. Se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se habrá vuelto a ti la abundancia del mar, y las riquezas de las naciones habrán llegado hasta ti.» Isa. 60:5

Es curioso que algunas afecciones sean dañina física pero no espiritualmente. Es el caso de la cardiomegalia. No le deseo a nadie que padezca un ensanchamiento de corazón en su vida física, pero sí lo deseo en su vida espiritual. En el Antiguo Testamento la expresión de corazón ensanchado» es sinónima de magnanimidad. O sea, que alguien tiene la grandeza y la capacidad de ayudar a los demás, aunque no le vaya ningún interés en ello.
¿Cómo se puede conseguir una buena cardiomegalia espiritual? Pues siguiendo algunos consejos. Los que te voy a mencionar los escribió hace muchos siglos Aristóteles en su Ética a Nicómaco. Él lo hacía con otros objetivos, pero nos valen algunas de sus ideas:
1. Decide qué batallas vas a luchar, Una persona magnánima valora las circunstancias en las que hay un peligro real y procura evitarlo. No se entretiene en disputas de temas secundarios, sino que prefiere reservar sus fuerzas para los problemas de verdad. ¿Cuántas veces invertimos nuestra energía en asuntos intrascendentes? ¿Cuántas veces evitamos actuar en las cuestiones realmente importantes?
2. Sé generoso. Una persona magnánima está más interesada en dar que en recibir. Los demás son el interés principal de una persona de gran corazón. Sus asuntos siempre se relegan a un segundo plano por el bien de los otros.
3. Supera los malos recuerdos. Una persona magnánima no guarda rencor, La comprensión panorámica del mundo permite a una persona de gran corazón perdonar y olvidar. En el perdón se encuentra una de las mayores grandezas de la humanidad.
4. Sé paciente. Una persona magnánima sabe regalar tiempo, porque el tiempo todo lo aclara y pone las cosas en su sitio. En un corazón grande caben muchos días, meses e, incluso, años.
Cuando menciono estas características, ¿a quién te suena? Por supuesto, a Jesús. Cristo tenía un corazón tan grande que evitó las discusiones superficiales porque tenía una guerra que ganar, la de nuestra salvación. Cristo solo quería dar, cada instante de su vida en esta tierra se esforzó por entregarse sin medida. Cristo echó al fondo del mar nuestros pecados y no quiere saber nada de ellos, ni que otros lo sepan. Cristo va a esperar lo que sea necesario para que te entregues a él, vales demasiado como para que le entre la prisa.
No es de extrañar que, aquella tarde de la cruz, cuando pincharon su costado, descubrieran el corazón más grande de la historia. ¡Eso es magnanimidad!
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CARÁCTER
Devoción Matutina para Jóvenes 2023
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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