26 DE FEBRERO
UN MANDAMIENTO FUERA DE MODA
Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy (Éxodo 20: 12).
ROSITA COMENZÓ A ASISTIR A LAS CONFERENCIAS de evangelismo que realizábamos en un salón alquilado; luego de entrar en confianza, me pidió que la visitara en su hogar. Al llegar me encontré con un cuadro desolador: esta anciana mujer vivía en una habitación alquilada con una pobreza extrema y sumamente sola. Compartiendo parte de su vida, me contó historias tristes de peleas, reproches y rencores con algunos de sus hijos, quienes, olvidándose de ella, la dejaron abandonada.
Luego de su bautismo, Rosita entró en confianza con algunos miembros de la iglesia, y al ir conociendo su historia muchos estuvieron dispuestos a brindarle amor y cariño. Tiempo después, alguien de la iglesia conoció a uno de sus hijos, quien le contó la rudeza y el carácter fuerte que esta mujer había manifestado al tratar a sus hijos de pequeños. Fue entonces cuando algunos justificaron que sus hijos la abandonaran y presentaron alguna reserva para continuar brindándole su apoyo.
Elena G. White hace un planteo a través de preguntas confrontando a cada hijo con su vida cristiana: «Si los hijos piensan que fueron tratados con severidad en su infancia, ¿les ayudará esto a crecer en la gracia y en el conocimiento de Cristo? ¿Reflejarán ellos la imagen de él si albergan un espíritu de represalias y venganza contra sus padres, especialmente cuando estos hayan envejecido y se hayan debilitado? ¿No bastará el desamparo de los padres para despertar el amor de los hijos? ¿No lograrán las necesidades de los ancianos padres evocar los nobles sentimientos del corazón, y por la gracia de Cristo, no serán los padres tratados con bondadosa atención y respeto de parte de sus hijos? ¡Ojalá que el corazón de estos no se endurezca como el acero contra el padre y la madre!» (La edad dorada, pp. 61-62).
Vivimos en una época en que muchos padres, bajo distintos pretextos, son olvidados y abandonados. Se ha perdido el respeto por las canas y el amor filial casi ha desaparecido. Con total insensibilidad muchos avanzan en la vida descuidando a aquellos que los trajeron al mundo.
Pero la Biblia va más allá de las corrientes de cada época y establece principios eternos. Uno de esos principios señala a cada hijo el deber de amar, obedecer, cuidar y respetar a los progenitores: cada una de esas acciones está involucrada en el imperativo «honrar» a los padres. Aunque guardar el quinto mandamiento no está «de moda», Dios nos invita a guardar toda su ley, incluso este mandamiento.

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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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