30 DE MARZO
GENEROSIDAD
Además de todo lo que he preparado para la casa del santuario, es tan grande mi afecto por la casa de mi Dios que, en mi tesoro particular, tengo guardado oro y plata, y lo voy a dar para la casa de mi Dios: cien mil kilos de oro, de oro de Ofir, y treinta mil kilos de plata refinada para recubrir las paredes de los edificios (1 Crónicas 29:3-4).
CORRÍA EL AÑO 373 CUANDO AMBROSIO fue elegido como obispo de Milán. Tiempo después un fuerte ejército godo atravesó las fronteras del Danubio y en el transcurso de su viaje cometieron grandes atropellos al este de Milán.
«Como resultado de los mismos, fueron muchos los refugiados que llegaron a la ciudad, y muchos otros cautivos que permanecían presos en espera de rescate. Ante esta situación, Ambrosio hizo fundir y vender parte de los tesoros de la iglesia, para ayudar a los refugiados y para pagar el rescate de los cautivos». Este hecho no pasó desapercibido y mientras muchos reconocieron el valor del obispo, otros lo criticaron de haber cometido sacrilegio. Ante este reproche, Ambrosio respondió: «Es mucho mejor guardar para el Señor almas que oro. Porque quien envió a los apóstoles sin oro, sin oro juntó también las iglesias. La iglesia tiene oro, no para almacenarlo, sino para entregarlo, para gastarlo en favor de quienes tienen necesidades» (Justo L. González, Historia del cristianismo, t. 1, p. 204).
Al igual que Ambrosio, el rey David mostró a lo largo de su vida que poseía el don de la dadivosidad. Entonces exhortó al pueblo a contribuir con ofrendas para que el templo fuera excelso sobremanera. Los jefes y líderes israelitas se unieron a la generosidad real, y dieron para el servicio de la casa de Dios «ciento sesenta y cinco mil kilos y diez mil monedas de oro, trescientos treinta mil kilos de plata, seiscientos mil kilos de bronce, y tres millones trescientos mil kilos de hierro» (1 Crón. 29: 7).
El Dios que nos da la vida, el alimento diario, un techo donde vivir, fuerzas físicas para trabajar y el amor de los hermanos en la fe, nos invita a imitar su benevolencia. Pero eso no es todo lo que nos da, porque el acto mayor de desprendimiento que tuvo nuestro Padre, fue entregar a su Hijo Jesús para rescatarnos del pecado y darnos la esperanza de la vida eterna. El ejemplo divino nos invita a vencer el egoísmo y a ser dadivosos.

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EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS
Devoción Matutina para Jóvenes 2022
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, Estados Unidos
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