11 DE JULIO
EL ESPÍRITU DE DIOS

«Entonces el espíritu del Señor se apoderará de ti, y caerás en trance como ellos, y te transformarás en otro hombre» (1 Samuel 10: 6).

El recuerdo de Saúl sería otro si hubiera terminado su reinado como comenzó. Samuel le indicó tres pruebas de qué él era el elegido para ser el primer rey de Israel. La primera evidencia demuestra que Dios puede resolver nuestros problemas, sean estos sencillos o complicados; la segunda prueba destaca que Dios puede satisfacer nuestras necesidades; por último, Dios le daría como evidencia la impartición del Santo Espíritu.
Un día Saúl salió de su casa con la intención de encontrar unas asnas de su padre. Después de varios días de búsqueda infructuosa, se encontró con el profeta Samuel quien lo ungió co aceite como el hombre apartado por Dios para reinar. Entonces, el profeta le aseguró que en su camino de regreso le dirían que las asnas ya habían sido encontradas. En esencia, Dios quiere recordarte que él puede resolver tus problemas.
La segunda prueba: Samuel le aseguró a Saúl que en su camino de regreso le darían comida. Efectivamente, así ocurrió. Con esta evidencia Dios nos recuerda que él es nuestro sustentador. Él vela por nuestras necesidades y se interesa por sus hijos.
Por último, Samuel le anticipó a Saúl que se iba a convertir en un profeta. Esto debió sorprenderle, pues la gente cuando lo vio se extrañó de que Saúl profetizara. Todo parece indicar que hasta entonces Saúl no había manifestado alguna inclinación espiritual. Lo cierto es que el Espíritu Santo fue derramado en Saúl con dos propósitos: profetizar y liberar. El Espíritu lo llenó de valor para aceptar el reto de reinar y para proseguir con la liberación de Israel de las naciones opresoras. Lo más relevante es que el Santo Espíritu lo transformó para bien, como puede hacerlo contigo hoy también.
Saúl liberó a los habitantes de Jabes de Galaad cuando fueron amenazados por los amonitas. Cuando Saúl se enteró cómo los amonitas pretendían humillar a la gente de su pueblo, entonces «el espíritu de Dios se apoderó de él; y se llenó Saúl de furia» (1 Samuel 11: 6).
Saúl comenzó bien, pero terminó mal. Empezó a gobernar bajo el poder que el Espíritu le concedió, pero terminó dependiendo de sus propias estrategias sin tomar en cuenta al Señor. En la vida cristiana, no importa cuán bien hayamos iniciado, sino lo relevante es que cada día dependamos del Señor.
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SIGUIENDO LAS HUELLAS
Devoción Matutina Para Menores 2023
Narrado por: Linda Rumrrill
Desde: Gran Canaria, España
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