11 DE MARZO
NINGÚN COMPROMISO

El faraón mandó llamar a Moisés y Aarón, y les dijo: Vayan a ofrecer sacrificios a su Dios, pero sin salir del país”» (Éxodo 8:25).

Antes de que Dios enviara cada una de las plagas siempre le advirtió al faraón mediante sus mensajeros para que tuviera la oportunidad de liberar a Israel y no enfrentar las consecuencias. Asimismo, el ideal era que se arrepintiera y reconociera a Dios, pero eso nunca ocurrió. El arrepentimiento genuino implica nuevas actitudes e intereses que se revelan a través de nuestra conducta.
Por lo tanto, las plagas siguieron golpeando a los dioses egipcios. Ellos creían que el viento era un dios; así que Dios lo usó para traer la octava plaga de langostas que consumió lo poco que quedaba en el campo. Además, veneraban a «Re» como el dios del sol, en la novena plaga quedó en evidencia su falsa creencia, pues el sol no alumbró y las tinieblas invadieron el país.
En su desesperación, el faraón convocaba a Moisés para que intercediera y los egipcios pudieran librarse de los azotes de cada manifestación divina. Lo que él no entendía es que cuando Dios da una orden, nosotros simplemente debemos obedecerla. El faraón pensó que Dios era su igual y podía negociar. Cuatro fueron sus propuestas: primero, que el pueblo ofreciera sacrificios sin salir de Egipto (8: 25). La segunda: que fueran cerca, al desierto y luego regresaran (8: 28). La tercera: que fueran solamente los varones adultos, el resto (mujeres, niños y ancianos) debía permanecer en Egipto (10: 8-10). Cuarta propuesta: todos podían salir de Egipto, pero debían dejar sus animales (10: 24).
Cada propuesta era un acto de irreverencia y arrogancia. Mostraba que faraón no sabía acatar una orden divina. Cuando Dios expresa sus mandamientos, ninguno es negociable. Si quieres prosperar, aprende a obedecer. Al enemigo de Dios no le importa que la gente asista a cualquier iglesia si en sus vidas continúan desobedeciendo. Por lo tanto, a nuestro Padre celestial le agrada nuestra fidelidad total y no desea que entablemos relaciones con personas, prácticas o costumbres que nos apartan de su voluntad. En cuanto a esto, el apóstol Santiago escribió: «¿No saben ustedes que ser amigos del mundo es ser enemigos de Dios? Cualquiera que decide ser amigo del mundo, se vuelve enemigo de Dios» (Santiago 4:4).
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SIGUIENDO LAS HUELLAS
Devoción Matutina Para Menores 2023
Narrado por: Linda Rumrrill
Desde: Gran Canaria, España
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