17 DE JUNIO
LA MISERICORDIA DIVINA

«Aunque el Señor puso a los israelitas en aprietos, también hizo surgir caudillos que los libraran de quienes los despojaban» (Jueces 2: 15-16).

Qué ironía pensar que Israel se convirtió cautivo en su propia tierra. Los israelitas eran despojados por los enemigos que ellos mismos dejaron vivir en la región. Les saqueaban sus cosechas, además tenían que pagarles tributo. ¿Por qué llegaron a tal condición? Porque Israel pensó que era una excelente idea dejarlos para que les trabajaran las tierras y les pagaran impuestos (1:28, 30, 33). Posteriormente, se mostró el otro de la moneda: Israel se convirtió en esclavo y tributario de ellos. ¡Por lo tanto, no hace falta estar en Egipto para ser esclavo!
Esta es la razón del consejo bíblico de no amar al mundo, pues al principio parece que tenemos el control, pero más temprano que tarde somos dominados y nuestra conciencia se insensibiliza a la voz de Dios. En el caso de Israel, no solo convivieron con los nativos, sino que emparentaron (3: 6) con ellos e imitaron su adoración a Baal y Astarté (vers. 13). ¿Quiénes eran estos dioses? Baal era considerado por los cananeos como el dios de la lluvia y la fertilidad y Astarté era considerada esposa de Baal. Por consiguiente, a fin de lograr una abundante cosecha al cierre del ciclo agrícola, los adoraban.
La historia de Israel en el Libro de los Jueces es como un «sube y baja», a veces estaban bien, para luego recaer en la idolatría y opresión de otro pueblo. Como nación cayeron en un círculo vicioso de idolatría-opresión clamor a Dios-libertad, para luego regresar a la idolatría. En este contexto, dos veces repite el libro el mismo versículo para enfatizar el caos nacional: «En aquella época aún no había rey en Israel, cada cual hacía lo que le daba la gana»> (17: 6; 21: 25). Palabras que llenaban de tristeza a Dios porque era su Rey, pero lo rechazaron. A pesar de la desobediencia generalizada, cuando el pueblo clamaba al Señor, sentía compasión, por lo tanto, suscitaba jueces para liberarlos. A pesar de que Dios sabía que en unos años una nueva generación iba a reincidir en la idolatría.
Un juez fungía como un salvador en el momento de mayor aprieto, más que alguien que supiera leyes y juzgara, su función era ejercer gran fe en Dios y acudir al campo de batalla para librar al pueblo de los opresores e instituir de nuevo la adoración a Dios. La lección principal de este libro es que Jesucristo es el juez por excelencia que desea ordenar tu vida de cualquier invasor.
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SIGUIENDO LAS HUELLAS
Devoción Matutina Para Menores 2023
Narrado por: Linda Rumrrill
Desde: Gran Canaria, España
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