24 DE MARZO
REVERENCIEMOS SU NOMBRE

«No hagas mal uso del nombre del Señor tu Dios, pues él no dejará sin castigo al que use mal su nombre» (Éxodo 20: 7).

El tercer mandamiento destaca la importancia de la reverencia. Los nombres tienen gran valor en la Biblia. El nombre de las personas transmitía las cualidades de quien lo portaba. Resaltaba su identidad y propósito. Primordialmente, el nombre de Dios nos habla de su santidad, su perfección y su amor por nosotros. Cuando Jesús vino a este mundo, su principal misión fue dar a conocer el nombre de Dios. Él mismo lo enfatizó con estas palabras que forman parte de una oración: «Les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado esté en ellos y yo en ellos» (Juan 17: 26, RV1995). El nombre de Dios es una expresión de su naturaleza.
En ese momento cuando oró, faltaban pocos días para que muriera en la cruz. Por eso Jesús dijo «lo daré a conocer aún», ¿cómo? Con la mayor evidencia del amor divino que se concretaría con su muerte y resurrección. Hoy es su nombre el que nos une en la fe, nos une para adorarlo. Además, nos da el privilegio de llevar su nombre, pues nos identifica como cristianos. Este es el gran desafío: llevar su nombre implica compartir sus cualidades de santidad, perfección y amor a Dios y al prójimo.
Desafortunadamente, usamos mal el nombre del Señor cuando no manifestamos ese amor o cuando reñimos entre nosotros. Llamarnos cristianos es un privilegio, aunque conlleva una responsabilidad. Es contradictorio llamarse así si no oramos, si no leemos la Biblia y si no nos agrada ir a la iglesia para adorarlo gozosamente. Asimismo, deshonramos su nombre cuando aparentamos que lo conocemos, pero los hechos cotidianos muestran lo contrario. No debemos mostrar al mundo un mensaje equivocado de lo que significa el nombre de Dios. Por lo tanto, lo honramos cuando vivimos lo que su nombre representa.
Jesús cumplió cabalmente su misión de decirnos cómo es Dios. Un día Felipe le pidió que le mostrará al Padre, a lo cual Jesús respondió: «El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Juan 14: 9). Podemos concluir que al meditar en Jesús y estudiar su vida lo conoceremos mejor y estaremos en la posibilidad de reflejar sus cualidades; llevar así auténticamente el nombre de cristianos.
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SIGUIENDO LAS HUELLAS
Devoción Matutina Para Menores 2023
Narrado por: Linda Rumrrill
Desde: Gran Canaria, España
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