29 DE NOVIEMBRE
CUIDAR A LOS ANIMALES
El justo sabe que sus animales sienten, pero el malvado nada entiende de compasión (Proverbios 12: 10).
Tener una o varias mascotas en casa es una costumbre muy arraigada y estas llegan a ser tan apreciadas que forman parte de la familia. Lo más común es que tengas o quieras tener un cachorro. Sin embargo, tener una mascota conlleva responsabilidades como bañarla, limpiar su espacio, alimentarla adecuadamente, sacarla a pasear y llevarla al veterinario. Es decir, si tienes una se entiende que nunca la vas a maltratar, más bien, le vas a proporcionar todos los cuidados que requiere. El salmista escribió: «Tú, Señor, cuidas de hombres y animales» (Salmos 36: 6). La misericordia de Dios es tan grande que incluye a los animales: él alimenta a las aves (Mateo 5: 26) y tiene en cuenta a las más sencillas (Lucas 12: 6). Por eso, cuando Dios reprendió a Jonás, destacó su compasión por los «ciento veinte mil niños inocentes y muchos animales» (Jonás 4: 11).
De acuerdo a Job 12: 7, al observar los animales podemos aprender mucho de ellos, por ejemplo, de un cachorro podrás apreciar gratitud, amor, compañía y lealtad sin condiciones… no importa si saliste de casa y tardaste días o minutos en regresar, siempre te recibirá con el mismo entusiasmo y alegría de volverte a ver y tenerte en casa de nuevo; en consecuencia, los investigadores dicen que quienes conviven con animales son más felices, más sociables y más saludables.
Cuando Dios creó el mundo, encargó a Adán el cuidado de todos los animales. Fue él quien les puso nombre. Así que Dios los creó para que fueran compañeros y amigos del ser humano. De cierta manera, Dios diseñó el corazón de los seres humanos y el de los animales para que estén conectados y se demuestren afecto. A pesar de la aparición del pecado este plan no se alteró, pues sorprendentemente cuando Dios estableció el pacto con Noé justo después del diluvio, incluyó a los animales (Génesis 9:9-10). Elena White escribió en el libro El Deseado de todas las gentes (pág. 64) lo siguiente: «Jesús era la fuente de la misericordia sanadora para el mundo […]. Los ancianos, los tristes y los apesadumbrados por el pecado, los niños que jugaban con gozo inocente, los pequeños seres de los vergeles, las pacientes bestias de carga, todos eran más felices a causa de su presencia. Aquel cuya palabra sostenía los mundos podía agacharse a aliviar un pájaro herido».
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SIGUIENDO LAS HUELLAS
Devoción Matutina Para Menores 2023
Narrado por: Linda Rumrrill
Desde: Gran Canaria, España
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