MIÉRCOLES, 1° DE MARZO
ANANÍAS Y SAFIRA
Dios odia la hipocresía y la falsedad. Ananías y Safira practicaron el fraude en su trato con Dios; mintieron al Espíritu Santo, y su pecado

fue castigado con un juicio rápido y terrible. Cuando Ananías vino con su ofrenda, Pedro le dijo: “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.
“Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron”…
La sabiduría infinita vio que esta manifestación señalada de la ira de Dios era necesaria para impedir que la joven iglesia se desmoralizara. El número de sus miembros aumentaba rápidamente. La iglesia se vería en peligro si, en el rápido aumento de conversos, se añadían hombres y mujeres que, mientras profesaban servir a Dios, adoraban a Mamón. Este castigo testificó que los hombres no pueden engañar a Dios, que él descubre el pecado oculto del corazón, y que no puede ser burlado. Estaba destinado a ser para la iglesia una advertencia que la indujese a evitar la falsedad y la hipocresía, y a precaverse contra el robar a Dios (Los hechos de los apóstoles, pp. 60, 61).

[H]ay algunos que son culpables del mismo pecado que cometieron Ananías y Safira, pues piensan que si retienen una porción de lo que Dios pide en el sistema del diezmo, los hermanos no lo sabrán nunca. Así pensaba la pareja culpable cuyo ejemplo se nos da como advertencia. En este caso Dios demostró que escudriña el corazón. No pueden ocultársele los motivos y propósitos del hombre. Dejó a los cristianos de todas las épocas una amonestación perpetua a precaverse del pecado al cual los corazones humanos están continuamente inclinados.
Aunque no haya ahora indicios visibles del desagrado de Dios a la repetición del pecado de Ananías y Safira, este es igualmente odioso a su vista, y el transgresor será castigado con toda seguridad en el día del juicio; y muchos sentirán la maldición de Dios aun en esta vida. Cuando se hace una promesa a la causa, es un voto hecho a Dios y debe ser cumplido como cosa sagrada. A la vista de Dios, no es menos que un sacrilegio el apropiarnos para nuestro uso particular de lo que una vez fue prometido para fomentar su obra sagrada (Testimonios para la iglesia, pp. 460, 461).

La abnegación es la nota tónica de las enseñanzas de Cristo. Con frecuencia se impone este concepto a los creyentes con un lenguaje que parece autoritario, porque no hay otra forma de salvar a los hombres si no se los separa de su vida de egoísmo. Mientras Cristo vivió en el mundo hizo una correcta presentación del poder del evangelio… A cada alma que sufra con él mientras resiste al pecado, trabaja por su causa y se niega a sí misma por el bien de otros, él le promete una parte en la recompensa eterna de los justos. Poniendo en práctica el mismo espíritu que caracterizó la obra de su vida, llegaremos a participar de su naturaleza. Al compartir esta vida de sacrificio por amor a otros, disfrutaremos con él la vida futura, “un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. 2 Corintios 4:17 (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 29).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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