MARTES, 02 DE JULIO
EL MENSAJERO
La Divinidad se conmovió de piedad por la humanidad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a sí mismos a la obra de formar un plan de redención. Con el fin de llevar a cabo plenamente ese plan, se decidió que Cristo, el Hijo unigénito de Dios, se entregara a sí mismo como ofrenda por el pecado. ¿Con qué se podría medir la profundidad de este amor? Dios quería hacer que resultara imposible para el hombre decir que hubiera podido hacer más. Con Cristo, dio todos los recursos del cielo, para que nada faltara en el plan de la elevación de los seres humanos. Este es amor, y su contemplación debiera llenar el alma con gratitud inexpresable. ¡Oh, cuánto amor, cuánto amor incomparable! La contemplación de este amor limpiará el alma del egoísmo. Hará que el discípulo se niegue a sí mismo, tome su cruz y siga al Redentor (Consejos sobre la salud, p. 222).

Dios le había prometido [a Juan] darle una señal por la cual pudiera reconocer al Cordero de Dios. Esta señal fue dada cuando la paloma celestial se posó sobre Jesús, y le rodeó la gloria de Dios. Juan extendió la mano señalando a Jesús, y en alta voz exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Juan informó a sus discípulos que Jesús era el Mesías prometido, el Salvador del mundo. Mientras terminaba su obra, enseñó a sus discípulos a mirar a Jesús y seguirlo como el gran Maestro. La vida de Juan estuvo cargada de tristeza y abnegación. Anunció el primer advenimiento de Cristo, pero no se le permitió presenciar sus milagros ni gozar del poder que el Señor manifestó. Juan sabía que debía morir cuando Jesús asumiese las funciones de maestro. Rara vez se oyó su voz fuera del desierto. Hacía vida solitaria. No se aferró a la familia de su padre para gozar de su compañía, sino que se apartó de ella para cumplir su misión (Primeros escritos, pp. 153, 154).

Como pueblo, debemos preparar el camino del Señor, bajo la supervigilancia del Espíritu Santo, para la diseminación del evangelio en toda su pureza. La corriente de agua viva debe profundizarse y ampliarse a medida que avanza. En todos los territorios, de lejos y de cerca, se llamará a hombres de detrás del arado y de las actividades comerciales más comunes y que más distraen la mente, para que sean educados junto a hombres de experiencia que comprenden la verdad. Mediante las obras maravillosas de Dios, se moverán montañas de dificultades y se las arrojará al mar…

Cuando esta invitación sea aceptada, será oído y entendido el mensaje que significa tanto para los moradores de la tierra. Los hombres sabrán qué es la verdad. La obra avanzará cada vez más. Y los notables acontecimientos de la providencia se verán y se reconocerán tanto en juicios como en bendiciones. La verdad arrebatará la victoria (Cada día con Dios, p. 193).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
III TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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