JUEVES, 03 DE AGOSTO
GLORIA EN LA IGLESIA Y EN CRISTO JESÚS
Hemos sido llamados al conocimiento de Cristo, y esto es al conocimiento de la gloria y la virtud. Es un conocimiento de la perfección del carácter divino, manifestado a nosotros en Jesucristo, que se abre a la comunión con Dios… Escasamente puede la mente humana comprender cuál es la amplitud, y la profundidad, y la altura de los logros espirituales, que pueden alcanzarse al llegar a ser participantes de la naturaleza divina…

Estamos viviendo en días de peligro. Únicamente Cristo puede ayudarnos y concedernos la victoria. Cristo debe serlo todo para nosotros; él debe morar en el corazón; su vida debe circular por nosotros, como la sangre circula por las venas. El Espíritu debe ser un poder vitalizador, que nos haga influir en otros, para que sean semejantes a Cristo, y santos (Nuestra elevada vocación, p. 62).

Muchos piensan que es imposible escapar del poder del pecado, pero se nos ha prometido que seremos llenos de toda la plenitud de Dios. Apuntamos demasiado bajo. La meta está mucho más alta. Nuestra mente necesita expandirse para poder comprender el significado de la provisión de Dios. Debemos reflejar los atributos más elevados del carácter de Dios. Deberíamos estar agradecidos porque no se nos ha dejado abandonados a nosotros mismos…

Los hijos de Dios tienen el privilegio de estar llenos de toda la plenitud de Dios. “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos”. Efesios 3:20, 21 (That I May Know Him, p. 302; parcialmente en A fin de conocerle, p. 301).

En todo deberíamos revelar el gozo del Señor y dar a conocer el mensaje de la gracia salvadora de Dios.
David declara: “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días”. Salmo 116:1, 2. La bondad de Dios al escuchar y responder nuestras oraciones nos pone bajo la imponente obligación de expresar nuestro agradecimiento por los favores que se nos han concedido. Debemos alabar a Dios mucho más de lo que lo hacemos. Las bendiciones recibidas en respuesta a la oración deberían ser rápidamente reconocidas…

Reine la paz de Dios en vuestra alma. Entonces tendréis fuerzas para soportar todos los sufrimientos, y os gozaréis en el hecho de que poseéis gracia para resistir. Alabad al Señor; proclamad su bondad; hablad de su poder. Dulcificad la atmósfera que rodea vuestra alma. Alabad con alma, voz y corazón al que sostiene vuestra vida, vuestro Salvador y vuestro Dios (God’s Amazing Grace, p. 325; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 325).

VIERNES, 04 DE AGOSTO: PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
En los lugares celestiales, 29 de agosto, “Nuestra gloriosa tarea”, p. 250; Mi vida hoy, 12 de octubre, “Él es mi Padre” p. 293.

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
III TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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