MIÉRCOLES, 03 DE JULIO
EL BAUTISMO DE JESÚS
Cuando Cristo, después de su bautismo, se arrodilló a la orilla del Jordán y los cielos se abrieron. Entonces el Espíritu descendió en la forma de una paloma que brillaba como el oro bruñido, y lo rodeó con su gloria, y se oyó la voz de Dios desde lo alto del cielo que proclamaba: “Tú eres mi Hijo amado en quien me complazco” (Mar. 1: 11, RVC). La oración de Jesús, en favor de la humanidad, abrió las puertas del cielo, y el Padre respondió, aceptando la petición en beneficio de la raza caída. Jesús oró como nuestro sustituto y fiador, y ahora la familia humana puede tener acceso al Padre por los méritos de su amado Hijo.

Nuestra tierra, debido a la transgresión, había sido cortada del continente celestial, y cesó la comunicación entre los seres humanos y el Creador; pero se abrió una vía de acceso para que pudiéramos regresar a la casa del Padre. Jesús es “el camino, la verdad y la vida”. Los portales del cielo fueron abiertos de par en par, y el fulgor del trono de Dios brilla en el corazón de aquellos que lo aman, aun cuando tengan que seguir morando en este mundo maldecido por el pecado. La luz que rodeó al divino Hijo de Dios brillará sobre el camino de todos los que sigan sus pasos. No hay motivo para el desánimo, las promesas de Dios son seguras y firmes (Mi vida hoy, p. 264).

La oración de Cristo pronunciada a orillas del Jordán incluye a cada uno de los que creerían en él. La promesa de que es acepto en el Amado es para usted. Aférrese de ella con una fe inconmovible. Dios dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Mateo 3:17. Esto significa que Cristo ha abierto un camino a través de la sombra oscura que Satanás ha arrojado sobre su senda, por el cual usted puede llegar al trono del Dios infinito. Él se ha asido de una fuerza todopoderosa y usted ha sido aceptado en el Amado (Exaltad a Jesús, p. 103).

Cristo ayunó mientras estaba en el desierto, pero era indiferente al hambre. Cristo, en constante oración ante su Padre, a fin de prepararse para resistir al adversario, no sintió las angustias del hambre. Pasó el tiempo en ferviente oración, apartado con Dios. Era como si hubiera estado en la presencia de su Padre. Buscaba fortaleza para hacer frente al enemigo, para la seguridad de que recibiría gracia para llevar a cabo todo lo que había emprendido en favor de la humanidad. El pensamiento de la contienda que estaba ante él hizo que se olvidara de todo lo demás, y su alma fue alimentada con el pan de vida, así como serán alimentadas hoy aquellas almas tentadas que van a Dios en busca de ayuda… [No sintió ningún apremio del hambre hasta que terminaron los cuarenta días de su ayuno…

Cristo sabía que su Padre le daría alimento cuando le placiera hacerlo. En esa angustiosa prueba, cuando el hambre lo apremiaba sobremanera, no permitió que el prematuro ejercicio de su poder divino disminuyera en lo más mínimo la prueba que le había sido asignada (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1056).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
III TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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