MIÉRCOLES, 07 DE JUNIO
LOS QUE SIGUEN AL CORDERO
En el capítulo 13 [de Apocalipsis] (versículos 1-10, VM), se describe otra bestia, “parecida a un leopardo”, a la cual el dragón dio “su poder y su trono, y grande autoridad”. Este símbolo, como lo han creído la mayoría de los protestantes, representa al papado, el cual heredó el poder y la autoridad del antiguo Imperio Romano. Se dice de la bestia parecida a un leopardo: “Le fue dada una boca que hablaba cosas grandes, y blasfemias […]. Y abrió su boca para decir blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que habitan en el cielo. Y le fue permitido hacer guerra contra los santos, y vencerlos: y le fue dada autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación”. Esta profecía, que es casi la misma que la descripción del cuerno pequeño en Daniel 7, se refiere sin duda al papado (El conflicto de los siglos, p. 434).

El Señor tiene un pueblo en la tierra que sigue al Cordero por doquiera que vaya. Tiene sus millares que no han doblado la rodilla ante Baal. Los tales estarán de pie junto a él en el monte de Sion. Pero deben permanecer en esta tierra resguardados con toda la armadura, listos para ocuparse en el trabajo de salvar a aquellos que están a punto de perecer…

No necesitamos esperar hasta que seamos trasladados para seguir a Cristo. El pueblo de Dios puede hacer eso aquí abajo. Seguirán al Cordero en las cortes celestiales solo si lo siguen aquí… No debemos seguir a Cristo a intervalos o caprichosamente, solamente cuando ello sea para nuestra conveniencia. Debemos optar por seguirlo. En la vida diaria, debemos seguir su ejemplo, como el rebaño sigue confiadamente a su pastor. Debemos seguirlo con sufrimiento por su causa, diciendo a cada paso: “Aunque él me matare, en él esperaré”. Job 13:15 (En los lugares celestiales, p. 300).

Multitudes en el mundo contemplan este juego de la vida, la lucha del cristiano. Y esto no es todo. El Monarca del universo y las miríadas de ángeles celestiales son espectadores de esta carrera; vigilan ansiosos para ver quiénes tendrán éxito en vencer y ganar la corona de gloria que no se marchita. Con intenso interés Dios y los ángeles del cielo notan el sacrificio propio, la abnegación y los esfuerzos agonizantes de los que se dedican a correr la carrera cristiana. La recompensa dada a cada hombre estará de acuerdo con la energía perseverante y la fidelidad con que cumpla su parte en el gran certamen.

En los juegos a los que nos hemos referido, solo uno se llevaba el premio. En la carrera cristiana, dice el apóstol: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura”. 1 Corintios 9:26. No nos espera ningún desengaño al terminar la Carrera.
A todos los que cumplan cabalmente con las condiciones que especifica la Palabra de Dios… la carrera no es incierta. Todos ellos pueden lograr el premio, ganar y ostentar la corona de gloria inmortal que no se desvanece (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 38).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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