MARTES, 09 DE JULIO
MÁS MINISTERIO SABÁTICO
En la vivienda del pescador en Capernaúm, la suegra de Pedro yacía enferma de “grande fiebre; y le rogaron por ella”. Jesús la tomó de la mano “y la fiebre la dejó”. Lucas 4:38, 39; Marcos 1:30. Entonces ella se levantó y sirvió al Salvador y a sus discípulos. Mateo 8:15.

Con rapidez cundió la noticia. Hizo Jesús este milagro en sábado, y por temor a los rabinos el pueblo no se atrevió a acudir en busca de curación hasta después de puesto el sol. Entonces, de sus casas, talleres y mercados, los vecinos de la población se dirigieron presurosos a la humilde morada que albergaba a Jesús. Los enfermos eran traídos en camillas, otros venían apoyándose en bordones, o sostenidos por brazos amigos llegaban tambaleantes a la presencia del Salvador…

No cesó Jesús su obra hasta que hubo aliviado al último enfermo. Muy entrada era la noche cuando la muchedumbre se alejó, y la morada de Simón quedó sumida en el silencio (El ministerio de curación, p. 19).

Nuestra confesión de su fidelidad es el factor escogido por el Cielo para revelar a Cristo al mundo. Debemos reconocer su gracia como fue dada a conocer por los santos de antaño; pero lo que será más eficaz es el testimonio de nuestra propia experiencia. Somos testigos de Dios mientras revelamos en nosotros mismos la obra de un poder divino. Cada persona tiene una vida distinta de todas las demás y una experiencia que difiere esencialmente de la suya. Dios desea que nuestra alabanza ascienda a él señalada por nuestra propia individualidad. Estos preciosos reconocimientos para alabanza de la gloria de su gracia, cuando son apoyados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible que obra para la salvación de las almas (El Deseado de todas las gentes, p. 313).

Hemos de llevar el yugo de Cristo, obrar como él obró por la salvación de los perdidos; y los que son partícipes de sus padecimientos participarán también de su gloria. El apóstol dice: “Sois colaboradores de Dios”. Aferrémonos, pues, de su fortaleza. Que todo el que pronuncie el nombre de Cristo entre nosotros se convierta en obrero juntamente con Dios. Que la carga de toda la obra no recaiga sobre los ministros, sino que cada miembro de la iglesia entienda que tiene una obra que hacer…

La comisión del Salvador a su pueblo es: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Oh, cuán penosamente se ha descuidado esta obra, y sin embargo el mundo hambriento perece por falta del pan de vida. Que cada uno se entregue a Dios, acepte la dádiva celestial del Espíritu Santo, y salga a anunciar a los que están en tinieblas el amor y el sacrificio del Salvador, para que no perezcan, sino que tengan vida eterna. En cualquier lugar donde os establezcáis, sed una luz para la gente, señalando el camino trazado para los redimidos del Señor, y convertíos así en colaboradores de Dios (Bible Echo, 15 de abril, 1892).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
III TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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