DOMINGO 11 DE FEBRERO
SU AMOR ES PARA SIEMPRE
Esta mañana mi alma está llena de alabanza y agradecimiento a Dios, de quien proceden todas nuestras bendiciones. El Señor es bueno, y su misericordia es eterna. Alabaré al que es la luz de mi rostro y mi Dios. Él es la fuente de toda eficiencia y poder. ¿Por qué no lo alabamos hablando palabras de esperanza y consuelo a otros? ¿Por qué están silenciosos nuestros labios? El habla es un don del cielo, y debería emplearse para expresar alabanza al que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.

¡Oh, cuánto bien se realizaría si todos los que profesan ser cristianos honraran a Dios!… La luz del mundo brilla sobre los hombres en la forma de abundantes bendiciones. Se han hecho todas las provisiones necesarias para suplir nuestras necesidades temporales y espirituales. Sin embargo, ¡cuán pocas acciones de gracias recibe el Dador! (A fin de conocerle, p. 221).

Dios quería demostrar a los israelitas que no podían atribuirse la conquista de Canaán. El Capitán de las huestes de Jehová venció a Jericó. Él y sus ángeles estaban implicados en esa victoria. Cristo ordenó a los ejércitos del cielo que derribaran los muros de Jericó y prepararan así una entrada para Josué y los ejércitos de Israel. Dios, mediante este maravilloso milagro, no solamente fortaleció la fe de su pueblo en su capacidad de subyugar a sus enemigos, sino que los reprendió por su anterior incredulidad.

Jericó había desafiado a los ejércitos de Israel y al Dios del cielo. Y cuando contemplaron la hueste de Israel que marchaba alrededor de su ciudad cada día, sus habitantes se sintieron alarmados. Pero contemplaban sus poderosas defensas, sus muros elevados y sólidos, y se sentían seguros de que podrían resistir cualquier ataque. Pero cuando sus poderosos muros de repente se resquebrajaron y cayeron con un estrépito semejante al de un fortísimo trueno, quedaron paralizados de terror y no pudieron ofrecer resistencia (La historia de la redención, p. 185).

Dice el salmista: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje ni palabras, ni es oída su voz” (Salmo 19:1-3) … Todas esas maravillas de los cielos tan solo están haciendo la obra que les ha sido señalada. Son los instrumentos de Dios. Dios es quien vigila la marcha de todas las cosas, así como fue su Creador. El Ser Divino se ocupa en sostener las cosas que ha creado. La misma mano que sostiene y equilibra las montañas en su posición, guía los mundos en su misteriosa marcha alrededor del sol.

Apenas si hay alguna función de la naturaleza a la que no encontremos una referencia en la Palabra de Dios. La Palabra declara que “hace salir su sol”, y hace descender la lluvia. Mateo 5:45. “Hace a los montes producir hierba”. “Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza. Echa su hielo como pedazos; … enviará su palabra, y los derretirá; soplará su viento, y fluirán las aguas” Salmo 147:8, 16-18 (Mensajes selectos, t .1, pp. 345, 346).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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