JUEVES, 11 DE JULIO
¿PUEDES GUARDAR UN SECRETO?
Desde lejos, el leproso percibe algunas palabras del Salvador. Le ve poner las manos sobre los enfermos. Ve a los cojos, a los paralíticos, y a los que están muriéndose de diversas enfermedades levantarse sanos y alabar a Dios por su salvación. Su fe se fortalece. Se acerca más y más a la gente que está escuchando. Las restricciones que se le han impuesto, la seguridad del pueblo, el miedo con que todos le miran, todo lo olvida. No piensa más que en la bendita esperanza de curación.

Es un espectáculo repulsivo. La enfermedad ha hecho en él horrorosos estragos y da miedo mirar su cuerpo en descomposición. Al verle, la gente retrocede. Aterrorizados, se atropellan unos a otros para rehuir su contacto. Algunos procuran evitar que se acerque a Jesús, mas en vano. Él no los ve ni los oye, ni advierte sus expresiones de repulsión. No ve más que al Hijo de Dios ni oye otra voz sino la que da vida a los moribundos.

Abriéndose paso hasta Jesús, se arroja a sus pies, clamando: “Señor, si quisieres, puedes limpiarme”.

Jesús le contesta: “Quiero; sé limpio”, y pone su mano sobre él. Mateo 8:2, 3.

Al instante se produce un cambio en el leproso. Su sangre se purifica, sus nervios recuperan la sensibilidad perdida, sus músculos se fortalecen. La pálida tez, propia del leproso, desaparece, caen las escamas de la piel, y su carne se vuelve como la de un niño (El ministerio de curación, pp. 68, 69).

Los discípulos querían evitar que su Maestro le tocara, pues el que tocaba a un leproso quedaba también inmundo. Pero al poner la mano sobre él, Jesús no se contaminó. La lepra fue limpiada. Así sucede con la lepra del pecado, tan profundamente arraigada, tan mortífera, tan imposible de curar por el poder humano… Pero Jesús, al humanarse, no se contamina. Su presencia es virtud curativa para el pecador. Cualquiera que se postre a sus pies, diciéndole con fe: “Señor, si quisieres, puedes limpiarme”, oirá esta respuesta: “Quiero: sé limpio”.

En algunos casos de curación, no concedía Jesús en el acto el beneficio pedido. Pero en este caso de lepra, apenas oyó la petición la atendió. Cuando oramos para pedir bendiciones terrenales, la respuesta a nuestra oración puede tardar, o puede ser que Dios nos dé algo diferente de lo pedido; pero no sucede así cuando le pedimos que nos libre del pecado. Es su voluntad limpiarnos de pecado, hacemos sus hijos y ayudarnos a llevar una vida santa. Cristo “se dio a si mismo por nuestros pecados para libramos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de Dios y Padre nuestro”. Gálatas 1:4. “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado”. 1 Juan 5:14, 15 (El ministerio de curación, pp. 46, 47).

VIERNES, 12 DE JULIO: PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Reflejemos a Jesús, 11 de agosto, “Los pescadores de hombres necesitan la presencia divina”, p. 229.
El Deseado de todas las gentes, “Puedes limpiarme”, pp. 227-238.

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
III TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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