SÁBADO DE TARDE, 11 DE MAYO
MOTIVADOS POR LA ESPERANZA
Jesús va a venir, pero no será, como en su primer advenimiento, un niño en Belén; no como cabalgó al entrar en Jerusalén, cuando los discípulos alabaron a Dios con fuerte voz y clamaron: “¡Hosanna!”, sino que vendrá en la gloria del Padre y con todo el séquito de santos ángeles para escoltarlo en su traslado a la tierra. Todo el cielo se vaciará de ángeles, mientras los santos lo estén esperando, mirando hacia el cielo, como lo hicieron los galileos cuando ascendió desde el Monte de las Olivas. Entonces únicamente los que sean santos, los que hayan seguido plenamente al manso Dechado, se sentirán arrobados de gozo y exclamarán al contemplarle: “He aquí, este es nuestro Dios; le hemos esperado, y nos salvará”…

Teniendo tal perspectiva delante de nosotros, tan gloriosa esperanza, semejante redención que Cristo compró para nosotros con su propia sangre, ¿callaremos? ¿No alabaremos a Dios con voz fuerte, como lo hicieron los discípulos cuando Jesús cabalgó entrando en Jerusalén? ¿No es nuestra perspectiva mucho más gloriosa que la de ellos entonces? ¿Quién se atreve a prohibirnos que glorifiquemos a Dios, aun con fuerte voz, cuando tenemos tal esperanza, henchida de inmortalidad y de gloria? Hemos gustado las potestades del mundo venidero, y las anhelamos en mayor medida (Primeros escritos, pp. 109, 110).

¡Cristo viene pronto! No viene para escuchar los lamentos de la humanidad y luego de oír al pecador culpable confesar sus pecados, pronunciar sobre él la palabra de perdón; porque el caso de cada uno estará entonces decidido para vida o muerte… Los que hayan confesado sus pecados a Jesús mientras estaba en el santuario e hicieron amistad con él y amaron su regreso, tendrán escrito el perdón de todos sus pecados… Jesús regresa como ascendió al cielo, pero con mayor esplendor. Viene con la gloria de su Padre y con todos los santos ángeles que lo escoltan. En vez de la cruel corona de espinas que hirió sus sienes llevará una corona de resplandeciente gloria sobre su sagrada frente (La fe por la cual vivo, 11 de diciembre, p. 353).

Han pasado más de mil ochocientos años desde que el Salvador dio la promesa de su venida. A través de los siglos sus palabras han llenado de ánimo el corazón de sus fieles. La promesa todavía no se ha cumplido … pero, no por eso es menos segura la palabra que ha sido hablada…

El tiempo de la demora casi ha terminado. Los peregrinos y extranjeros que durante tanto tiempo han buscado un país mejor, ya casi han llegado… “Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seáis hallados de él sin mácula, y sin reprensión, en paz”. 2 Pedro 3:14 (Nuestra elevada vocación, 27 de diciembre, p. 369).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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