MIÉRCOLES, 11 DE ENERO
EL CONTRATO DEL DIEZMO
Aquel cuyo corazón refulge con el amor de Cristo considerará no solamente como un deber, sino como un placer, ayudar en el avance de la obra más elevada y más santa encomendada al hombre: la de pre-sentar al mundo las riquezas de la bondad, la misericordia y la verdad.
Es el espíritu de la codicia lo que induce a los hombres a conservar para la complacencia propia los medios que por derecho pertenecen a Dios, y este espíritu es tan aborrecible para él ahora como cuando, mediante su profeta, censuró severamente a su pueblo así: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado”. Malaquías 3:8, 9.
El espíritu de liberalidad es el espíritu del cielo (Los hechos de los apóstoles, pp. 272, 273).

El Señor nos concede sus dones en abundancia. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”. Toda bendición que recibimos nos llega por medio de Jesucristo. ¿No debemos entonces levantarnos y cumplir con nuestro deber hacia Dios, de quien dependemos para la vida y la salud, para recibir sus bendiciones sobre nuestras cosechas y nuestros campos, nuestro ganado, nuestros rebaños y nuestras viñas? Se nos asegura que si damos para la tesorería del Señor, recibiremos de él de nuevo; pero si retenemos nuestro dinero, él retendrá su bendición y enviará maldición sobre los infieles.
Dios ha dicho: “Probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. ¡Qué maravillosa exposición de bendiciones prometidas nos presenta aquí el Señor! ¿Quién se puede aventurar a robar a Dios los diezmos y las ofrendas con semejante promesa? “Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vida en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos” (Testimonios para los ministros, pp. 307, 308).

El plan de Dios en el sistema del diezmo es hermoso por su sencillez e igualdad. Todos pueden practicarlo con fe y valor porque es de origen divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundidad de conocimiento para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que son capaces de hacer una parte para llevar a cabo la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede llegar a ser un tesorero del Señor, un agente para satisfacer las demandas de la tesorería. Dice el apóstol: “Cada uno de vosotros aparte algo según haya prosperado, y guárdelo”. 1 Corintios 16:2 (NRV).
Por este sistema se alcanzan grandes objetivos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un tesorero de Dios vigilante y fiel, y no faltarían recursos para llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 427, 428).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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