DOMINGO, 12 DE MARZO
PONER A DIOS EN PRIMER LUGAR
Josafat era hombre de valor. Durante años había fortalecido sus ejércitos y sus ciudades. Estaba bien preparado para arrostrar casi cualquier enemigo; sin embargo, en esta crisis no confió en los brazos carnales. No era mediante ejércitos disciplinados ni ciudades amuralladas, sino por una fe viva en el Dios de Israel, como podía esperar la victoria sobre estos paganos que se jactaban de poder humillar a Judá a la vista de las naciones…
Con confianza, podía Josafat decir al Señor: “A ti volvemos nuestros ojos”. Durante años había enseñado al pueblo a confiar en aquel que en siglos pasados había intervenido tan a menudo para salvar a sus escogidos de la destrucción completa; y ahora, cuando peligraba el reino, Josafat no estaba solo. “Todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, y sus mujeres, y sus hijos”. Unidos, ayunaron y oraron; unidos, suplicaron al Señor que confundiese a sus enemigos, a fin de que el nombre de Jehová fuese glorificado…
Dios fue la fortaleza de Judá en esta crisis, y es hoy la fortaleza de su pueblo. No hemos de confiar en príncipes, ni poner a los hombres en lugar de Dios. Debemos recordar que los` seres humanos son sujetos a errar, y que Aquel que tiene todo el poder es nuestra fuerte torre de defensa. En toda emergencia, debemos reconocer que la batalla es suya. Sus recursos son ilimitados, y las imposibilidades aparentes harán tanto mayor la Victoria (Conflicto y valor, p. 217).

[Satanás] llena la imaginación con falsas teorías acerca de Dios, y nosotros, en vez de espaciarnos en la verdad concerniente al carácter de nuestro Padre celestial, ocupamos nuestra mente con los conceptos erróneos de Satanás y deshonramos a Dios no confiando en él y murmurando contra él. El Padre entregó a su Hijo unigénito, muy amado, para morir por nosotros, y de esa manera colocó gran honra sobre la humanidad, porque en Cristo se sanó el vínculo quebrantado por el pecado, y se restableció la conexión del hombre con el Cielo.
Los que dudáis de la misericordia de Dios, mirad al Cordero de Dios, al Varón de dolores, que llevó vuestra aflicción y vuestro pecado. Es vuestro amigo. Murió en la cruz porque os amó. Se conmueve por vuestras flaquezas y os lleva ante el trono. En vista de su amor indecible, ¿no alentaréis en vuestro corazón esperanza, amor y gratitud? ¿No prestaréis un servicio gozoso a Dios? (That I May Know Him, p. 224; parcialmente en A fin de conocerle, p. 224).

La promesa en sí misma no tiene valor a menos que yo crea que el que la hizo es suficientemente capaz de cumplirla y que posee poder infinito para hacer lo que ha dicho…
No podemos deshonrar más a Dios que si desconfiamos de su Palabra. Los sentimientos no son dignos de confianza, en absoluto. Una religión que se alimenta y sobrevive gracias a las emociones, carece de valor. La Palabra de Dios es el fundamento sobre el cual nuestras esperanzas pueden descansar seguras, y en la confianza que tenemos en la Palabra de Dios nos afirmamos, fortalecemos, establecemos, y nos aferramos a la Roca eterna (Cada día con Dios, p. 154).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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