SÁBADO DE TARDE, 14 DE ENERO
EL CONTRATO DEL DIEZMO
El Señor ha dado a su pueblo un mensaje para este tiempo. Está en el tercer capítulo de Malaquías. ¿Cómo podría el Señor presentar sus requerimientos de una manera más clara y enérgica que en ese capítulo?
Todos deben recordar que lo que Dios exige de nosotros supera a cualquier otro derecho. Él nos da abundantemente, y el contrato que él ha hecho con el hombre es que una décima parte de las posesiones de este sea devuelta a Dios. El confía misericordiosamente sus tesoros a sus mayordomos, pero dice del diezmo: Es mío. En la proporción en que Dios ha dado su propiedad al hombre, el hombre debe devolverle un diezmo fiel de toda lo que gana. Este arreglo preciso lo hizo Jesucristo mismo (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 384).

Todas las cosas buenas que tenemos son un préstamo de nuestro Salvador. Nos ha hecho mayordomos. Nuestras ofrendas más ínfimas, nuestros servicios más humildes, presentados con fe y amor, pueden ser dones consagrados para salvar almas en el servicio del Maestro y para promover su gloria. El interés y la prosperidad del reino de Cristo deben superar toda otra consideración. Los que hacen de sus placeres e intereses egoístas los objetos principales de su vida, no son mayor-domos fieles.
Los que se nieguen personalmente con el fin de hacer bien a otros y se consagren con todo lo que tienen al servicio de Cristo, experimentarán la felicidad que en vano busca el egoísta…
Los cristianos se olvidan de que son siervos del Maestro; de que le pertenecen ellos mismos, su tiempo y todo lo que tienen (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 436, 437).

Mientras que los hombres buscan bienes transitorios, Jesús les indica un galardón celestial. No lo sitúa todo en la vida venidera sino que empieza aquí mismo. El Señor se manifestó a Abraham, y le dijo: “Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”. Génesis 15:1. Este es el galardón de todos los que siguen a Cristo. Verse en armonía con Jehová Emmanuel, “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” y en quien “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:3, 9), conocerlo, poseerlo, mientras el corazón se abre más y más para recibir sus atributos, saber lo que es su amor y su poder, poseer las riquezas inescrutables de Cristo, comprender mejor “cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura”, y “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:18, 19), “ésta es la herencia de los siervos del Señor, esta es la justicia que deben esperar de mí, dice el Señor”. Isaías 54:17 (El discurso maestro de Jesucristo, p. 32).

Toda alma convertida ha de saber lo que Dios exige en cuanto a los diezmos y ofrendas. Todo aquello de que gozan los hombres lo reciben de la gran hacienda del Señor, y él se agrada de que sus herederos disfruten de sus bienes; pero él ha hecho un contrato especial con todos los que se colocan bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel, para que muestren su dependencia de Dios y su responsabilidad ante él devolviendo a su tesorería una porción determinada como algo que le pertenece. Esto ha de invertirse en sostener la obra misionera que debe ser hecha para que ellos puedan cumplir la comisión que les fuera confiada por el Hijo de Dios precisamente antes que dejara a sus discípulos (El evangelismo, p. 185).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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