LUNES, 14 DE FEBRERO
NUEVO Y RENOVADO
El ceremonial de los sacrificios que había señalado a Cristo pasó: pero los ojos de los hombres fueron dirigidos al verdadero sacrificio por los pecados del mundo. Cesó el sacerdocio terrenal, pero miramos a Jesús, mediador del nuevo pacto, y “a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel”. “Aún no estaba descubierto el camino para el santuario, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie… Mas estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos… por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención. Hebreos 12:24; 9:8-12.
“Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. Hebreos 7:25 Aunque el ministerio había de ser trasladado del templo terrenal al celestial, aunque el Santuario y nuestro gran Sumo Sacerdote fuesen invisibles para los ojos humanos, los discípulos no habían de sufrir pérdida por ello. No sufrirían interrupción en su comunión, ni disminución de poder por causa de la ausencia del Salvador. Mientras Jesús ministra en el Santuario celestial, es siempre por su Espíritu el ministro de la iglesia en la tierra. Está oculto a la vista, pero se cumple la promesa que hiciera al partir: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:20. Aunque delega su poder a ministros inferiores, su presencia vivificadora está todavía con su iglesia (El Deseado de todas las gentes, p. 138).
El apóstol [Pablo] deseaba que aquellos a quienes estaba escribiendo recordaran que debían revelar en sus vidas el glorioso cambio producido en ellos por la gracia transformadora de Cristo. Debían ser luces en el mundo, ejerciendo una influencia contraria a la de los instrumentos satánicos por medio de sus caracteres purificados y santificados. Siempre debían recordar las palabras: “No de vosotros”. Ellos no podían cambiar su propio corazón. Y cuando mediante sus esfuerzos las almas fueran conducidas de las filas de Satanás para decidirse por Cristo, no debían pretender ninguna participación en la transformación producida…
El gran cambio que se observa en la vida del pecador después de la conversión no es producido por ninguna bondad humana.
El que es rico en misericordia nos ha impartido su gracia. Que la alabanza y la acción de gracias asciendan entonces hacia él, porque ha llegado a ser nuestro Salvador. Que su amor, al llenar nuestros corazones y mentes, fluya de nuestras vidas en ricas corrientes de gracia. Cuando estábamos muertos en delitos y pecados, nos vivificó para vida espiritual. Trajo gracia y perdón, y llenó el alma de vida nueva (La maravillosa gracia de Dios, p. 319).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2022
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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