MARTES 19 DE ABRIL
EL FIN DEL DILUVIO

A medida que la violencia de la tempestad aumentaba, árboles, edificios, rocas y tierra eran lanzados en todas direcciones. El terror de los hombres y los animales era indescriptible. Por encima del rugido de la tempestad podían escucharse los lamentos de un pueblo que había despreciado la autoridad de Dios. El mismo Satanás, obligado a permanecer en medio de los revueltos elementos, temió por su propia existencia… En aquella terrible hora vieron que la transgresión de la ley de Dios había ocasionado su ruina. Pero, si bien por temor al castigo reconocían su pecado, no sentían verdadero arrepentimiento ni verdadera repugnancia hacia el mal. Habrían vuelto a su desafío contra el cielo, si se les hubiese librado del castigo. Así también cuando los juicios de Dios caigan sobre la tierra antes del diluvio de fuego, los impíos sabrán exactamente en qué consiste su pecado: en haber menospreciado su santa ley. Sin embargo, su arrepentimiento no será más genuino que el de los pecadores del mundo antiguo…

El amor, no menos que la justicia, exigía que los juicios de Dios pusiesen término al pecado. Las aguas vengadoras barrieron el último refugio, y los que habían despreciado a Dios perecieron finalmente en las oscuras profundidades (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 87, 88).

Las aguas habían subido a quince codos arriba de las montañas más altas. El Señor se acordó de Noé, y a medida que las aguas del diluvio bajaban, hizo que el arca descansara sobre la cima de un grupo de montañas, que Dios en su poder preservó y mantuvo firmes durante toda aquella tempestad violenta. Estas montañas estaban muy poco separadas entre sí, y el arca flotaba y descansaba sobre una y luego sobre otra de ellas, y ya no era azotada por el vasto océano. Esto fue un gran alivio para Noé y para todos los que estaban con él dentro del arca. A medida que iban apareciendo las montañas y las colinas, mostraban una condición accidentada y resquebrajada, y todo a su alrededor parecía un mar de aguas turbulenta y barro blando (Spiritual Gifis, t. 3, p. 77).

“Por la fe Noé, habiendo recibido respuesta de cosas que aun no se veían, con temor aparejó el arca en que su casa se salvase: por la cual fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe”. Hebreos 11:7. Mientras Noé daba al mundo su mensaje de amonestación, sus obras demostraban su sinceridad. Así se perfeccionó y manifestó su fe. Dio al mundo el ejemplo de creer exactamente lo que Dios dice. Todo lo que poseía lo invirtió en el arca. Cuando empezó a construir aquel inmenso barco en tierra seca, multitudes vinieron de’ todos los rumbos a ver aquella extraña escena, y a oír las palabras serias y fervientes de aquel singular predicador. Cada martillazo dado en la construcción del arca era un testimonio para la gente (Historia de los patriarcas y profetas, p. 82).

¡Oh! cuán fácil es que nos olvidemos de Dios, cuando él nunca nos olvida; él nos visita a cada hora con sus misericordias (Nuestra elevada vocación, p. 316).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2022
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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