MARTES, 21 DE MAYO
EL JUICIO HA LLEGADO
En el día del juicio los hombres verán en qué se podrían haber convertido por medio del poder de Cristo… Conocieron las exigencias de Dios, pero se negaron a cumplir las condiciones establecidas en su Palabra…

Claramente, como a la luz del sol del mediodía, todos ven lo que podrían haber tenido si hubieran cooperado con Dios en vez de oponérsele. El cuadro no puede modificarse. Sus casos están decididos para siempre. Deben morir con aquellos cuyos caminos y obras siguieron.

Un rayo de luz llegará a todas las almas perdidas. Entenderán plenamente el misterio de la piedad que despreciaron y aborrecieron durante su vida. Y los ángeles caídos, dotados de una inteligencia superior a la del hombre, se darán cuenta de lo que hicieron al emplear sus poderes para inducir a los seres humanos a escoger el engaño y la falsedad. Todos los que se unieron al impostor, los que se instruyeron en sus caminos y practicaron sus engaños, deben perecer con él… El Señor Jesús los mira compasivamente y dice: “Apartaos” (Alza tus ojos, 8 de julio, p. 201).

Nadie necesita ser engañado. La ley de Dios es tan sagrada como su trono, y mediante ella será juzgado todo hombre que nace en el mundo. No existe otra norma para probar el carácter. “Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Ahora bien, ¿se decidirá el caso de acuerdo con la Palabra de Dios, o se dará crédito a las pretensiones humanas? Cristo dice: “Por sus frutos los conoceréis” (Mensajes selectos, t. 2, p. 58).

Dios no obliga a nadie a que lo ame ni que obedezca su ley. Él ha manifestado un amor inconmensurable hacia el hombre en el plan de la redención. Ha derramado los tesoros de su sabiduría y ha dado el don más precioso del cielo para que nos viésemos constreñidos a amarlo y a ponernos en armonía con su voluntad. Si rehusamos ese amor y si no queremos que él nos gobierne, estaremos preparando nuestra propia ruina, y finalmente nos veremos frente a una pérdida eterna…

Cuando los casos de todos pasen en revista delante de Dios, no se formulará esta pregunta: ¿Qué profesaron ellos?, sino estas otras: ¿Qué hicieron ellos? ¿Han sido ejecutores de la palabra? ¿Han vivido para sí mismos? ¿O bien se han ejercitado en obras de benevolencia y bondad, en amor, prefiriendo a los demás antes que a ellos mismos, y negándose a sí mismos a fin de poder bendecir a otros?

Si el registro muestra que tal ha sido su vida, que sus caracteres están señalados por la ternura, la abnegación y la benevolencia, recibirán la bendita seguridad y bendición de Cristo: “Bien hecho”, y “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Mateo 25:34 (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 133, 135).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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