MIÉRCOLES, 22 DE MAYO
LA BUENA NOTICIA DEL LUGAR SANTÍSIMO
Tenemos a uno que es plenamente capaz, y siempre está dispuesto, a darnos la precisa ayuda que requerimos en el momento de necesidad. Se nos ha invitado a pedir la ayuda, a acudir con confianza al trono de la gracia, a pedir lo que queramos, para que nos sea hecho. Y si las palabras de Cristo permanecen en nosotros, somos los elegidos de Dios, y daremos fruto en la fe constante, acariciando la fe que obra por el amor y purifica el alma de toda contaminación moral. “Mucho fruto” es la evidencia de que las palabras de Cristo permanecen y obran en el interior (The Signs qf the Times, 20 de febrero, 1896, párrafo 3).

Los que poseen esa fe que obra mediante el amor y purifica el alma, serán santificados en cuerpo, alma, espíritu e intelecto. Habrá un ministerio eficaz cuando el siervo de Dios se proponga como propósito de su vida asirse de la palabra de Dios con una determinación que nada pueda liberar, aferrarse a esa palabra, alimentarse de ella e impartirla a otros como palabra de vida.

Cuando confiemos plenamente en Cristo, nos daremos a nosotros mismos en ofrenda a Dios. Nuestra dependencia estará centrada en la virtud y en la intercesión de Cristo como nuestra única esperanza. No hay confusión, ni sospecha, puesto que por la fe vemos a Jesús, el enviado de Dios, cuya misión es lograr la reconciliación con los pecadores. Si deseamos creer solamente en Cristo, él está comprometido con un pacto solemne de mediar en favor de los que, por su intermedio, se acercan al Padre, con el propósito de garantizar su salvación. Este privilegio está garantizado si nos acercamos confiadamente el trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Leiter 153, 1897; parcialmente en Recibiréis poder, p. 144).

En el nombre de Cristo ascienden al Padre nuestras peticiones. Él intercede en nuestro favor, y el Padre deja abiertos todos los tesoros de su gracia para que podamos apropiarnos de ellos, gocemos de ellos y los comuniquemos a otros. Pedid en mi nombre, dice Cristo. No digo que yo oraré al Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama, porque me habéis amado. Haced uso de mi nombre. Esto dará eficacia a vuestras oraciones, y el Padre os dará las riquezas de su gracia. Por lo tanto, pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

¡Qué bondadosa condescendencia! ¡Qué privilegio se nos concede! Cristo es el eslabón que une a Dios con el hombre… Al acercarnos a Dios mediante la virtud de los méritos de Cristo nos ataviamos con sus vestiduras sacerdotales. Nos pone muy cerca de sí, abrazándonos con su brazo humano, mientras que con el brazo divino se aferra del trono del Infinito. Él pone sus méritos, como suave incienso en un incensario, en nuestras manos, a fin de animar nuestras peticiones. El promete oír y responder nuestras súplicas. Sí, Cristo se ha convertido en el cauce de la oración entre el hombre y Dios. También se ha convertido en el cauce de bendición entre Dios y el hombre. Ha unido la divinidad con la humanidad (In Heavenly Places, p. 77; parcialmente en En los lugares celestiales, 11 de marzo, p. 79).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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