DOMINGO, 23 DE JUNIO
ESPERANZA EN TIEMPOS DIFÍCILES
Al aproximarnos a los peligros de los últimos días, las tentaciones del enemigo se tornan más fuertes y más decididas. Satanás ha descendido con gran poder, sabiendo que su tiempo es corto; y está obrando “con todo engaño de iniquidad para los que se pierden”. 2 Tesalonicenses 2:10…

El fin de todas las cosas está cercano. El tiempo de angustia está por llegar para el pueblo de Dios. Será entonces cuando se promulgará el decreto prohibiendo comprar o vender a los que guardan el sábado del Señor, y que los amenazará con castigos, y aun la muerte, si no observan el primer día de la semana como día de reposo…

En el tiempo de angustia Satanás excita a los malvados y estos rodean a los hijos de Dios para destruirlos. Pero no sabe que en los libros del cielo se ha escrito la palabra “perdón” frente a sus nombres (En los lugares celestiales, 3 de diciembre, p. 346).

Se concede a todos un tiempo de prueba a fin de que se preparen para el día del Señor. Si alguien descuida esa preparación y no presta atención a las fieles advertencias dadas, estará sin excusa. La lucha fervorosa y perseverante de Jacob con el ángel debería ser un ejemplo para los cristianos: venció porque tuvo determinación y manifestó persistencia.

Todos los que deseen la bendición de Dios, se aferren de sus promesas y sean tan fervientes y perseverantes como Jacob, triunfarán como él. Hoy se ejerce tan poco la verdadera fe y la de muchos profesos creyentes es tan débil, porque son negligentes en las cosas espirituales. No están dispuestos a esforzarse, a negarse a sí mismos, a agonizar ante el Señor, a orar larga y fervorosamente para obtener las bendiciones, y por eso no las consiguen. La fe que prevalecerá finalmente durante el tiempo de angustia debe ser puesta en práctica cada día ahora. Los que no hacen esfuerzos vigorosos para ejercer hoy una fe perseverante no estarán preparados para vivir la fe que los capacitará para estar en pie en el día de la prueba (La historia de la redención, p. 101).

La fe verdadera demanda la bendición prometida y se aferra a ella antes de saberla realizada y de sentirla. Debemos elevar nuestras peticiones al Lugar Santísimo con una fe que dé por recibidos los prometidos beneficios y los considere ya suyos. Hemos de creer, pues, que recibiremos la bendición, porque nuestra fe ya se apropió de ella, y, según la Palabra, es nuestra. “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.. Marcos 11:24. Esto es fe sincera y pura: creer que recibiremos la bendición aun antes de recibirla en realidad… Cuando parecen asentarse densas nubes sobre la mente, es cuando se debe dejar que la fe viva atraviese las tinieblas y disipe las nubes. La fe verdadera se apoya en las promesas contenidas en la Palabra de Dios, y únicamente quienes obedezcan a esta Palabra pueden pretender que se cumplan sus gloriosas promesas (Primeros escritos, pp. 72, 73).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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