DOMINGO, 23 DE JULIO
ACERCADOS EN CRISTO
Al volverse a los gentiles en Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé no dejaron de trabajar por los judíos dondequiera que tuviesen oportunidad de hacerse oír. Más tarde, en Tesalónica, en Corinto, en Efeso y en otros centros importantes, Pablo y sus compañeros de labor predicaron el evangelio tanto a los judíos como a los gentiles. Pero sus mejores energías se dirigieron desde entonces a la edificación del reino de Dios en territorio pagano, entre pueblos que no tenían sino poco o ningún conocimiento del verdadero Dios y de su Hijo.

El corazón de Pablo y de sus colaboradores suspiraba por aquellos que estaban “sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”. Mediante el incansable ministerio de los apóstoles de los gentiles, los “extranjeros” y “advenedizos”, que “en otro tiempo” estaban “lejos”, supieron que habían “sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”, y que por la fe en su sacrificio expiatorio, podían llegar a ser “juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios”. Efesios 2:12, 13, 19 (Los hechos de los apóstoles, pp. 141, 142).

Se nos ordena amarnos los unos a los otros como Cristo nos amó a nosotros. Él ha manifestado su amor deponiendo su vida para redimirnos. El discípulo amado dice que debemos estar dispuestos a poner nuestras vidas por los hermanos. Pues “todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él”. 1 Juan 5:1. Si amamos a Cristo, amaremos también a los que se le parecen en su vida y carácter. Y no solamente así, sino que también amaremos a aquellos que están “sin esperanza y sin Dios en el mundo”. Efesios 2:12. Fue para salvar a los pecadores por lo que Cristo dejó su hogar en el cielo, y vino a la tierra a sufrir y a morir. Por esto él sufrió y agonizó y oró, hasta que, con el corazón quebrantado y abandonado por aquellos a quienes vino a salvar, derramó su vida en el Calvario (La edificación del carácter, p. 81).

Tenemos que reunirnos alrededor de la cruz. Cristo y este crucificado debe ser el tema de nuestra contemplación, conversación y más gozosa emoción. Deberíamos celebrar reuniones especiales de alabanza, con el propósito de mantener fresco en nuestros pensamientos todo lo que recibimos de Dios, y de expresar nuestra gratitud por su gran amor, a la vez que nuestra determinación de confiarle todo a la Mano que fue clavada en la cruz por nosotros… Necesitamos aprender a hablar el lenguaje de Canaán y a cantar los cánticos de Sion (Exaltad a Jesús, p. 243).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
III TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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