MIÉRCOLES, 26 DE JUNIO
EL JUICIO EN EL MILENIO
Después vi tronos en los cuales estaban sentados Jesús y los redimidos. Los santos reinaban como reyes y sacerdotes de Dios. En unión con los suyos juzgaba Cristo a los impíos muertos, comparando sus acciones con el libro del estatuto, la Palabra de Dios, y fallando cada caso según lo hecho con el cuerpo. Después sentenciaban a los impíos a la pena que debían sufrir de acuerdo con sus obras, y quedaba escrita frente a sus nombres en el libro de la muerte. También Satanás y sus ángeles fueron juzgados por Jesús y los santos. El castigo de Satanás había de ser mucho más terrible que el de aquellos a quienes engañó. Su sufrimiento había de ser incomparablemente mayor. Después de perecer todos los que fueron engañados por él, Satanás iba a continuar viviendo para sufrir mucho más tiempo (Primeros escritos, pp. 290, 291).

Al fin de los mil años, Jesús, el rey de gloria, desciende de la santa ciudad, vestido con el fulgor de un relámpago, y se posa sobre el monte da las Olivas el mismo monte de donde ascendió después de su resurrección—. Tan pronto como él posó los pies en ella, se partió convirtiéndose en una dilatada llanura, y es preparada para la recepción de la santa ciudad en la cual está el paraíso de Dios, el Jardín del Edén, que fue trasladado al cielo después de la transgresión del hombre. Ahora desciende con la santa ciudad, más hermoso y gloriosamente adornado que cuando fue removido de la tierra. La ciudad de Dios desciende y se asienta sobre la poderosa llanura preparada para este propósito (La segunda venida y el cielo, p. 116).

Dios es la fuente de la vida; y cuando uno elige el servicio del pecado, se separa de Dios, y se separa así de la vida. Queda privado “de la vida de Dios”. Cristo dice: “Todos los que me aborrecen, aman la muerte”. Efesios 4:18; Proverbios 8:36. Dios les da la existencia por un tiempo para que desarrollen su carácter y revelen sus principios. Logrado esto, reciben los resultados de su propia elección. Por una vida de rebelión, Satanás y todos los que se unen con él se colocan de tal manera en desarmonía con Dios que la misma presencia de él es para ellos un fuego consumidor. La gloria de Aquel que es amor los destruye (El Deseado de todas las gentes, pp. 712, 713).

Tal como el arco iris se forma en las nubes por la unión de los rayos del sol y las gotas de lluvia, el arco iris que rodea el trono representa el poder combinado de la misericordia y la justicia. No solo hay que afirmar la justicia, porque eclipsaría la gloria del arco iris de la promesa que está sobre el trono; los hombres solo verían la condenación de la ley. Si no hubiera justicia ni sanción, el gobierno de Dios carecería de estabilidad. La unión de la justicia y la misericordia perfecciona la salvación (Maranata: el Señor viene, 14 de noviembre, p. 336).

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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