LUNES 27 DE NOVIEMBRE
NAAMÁN
Pocos comprenden el pleno significado de las palabras que Cristo habló cuando, en la sinagoga de Nazaret, se anunció como el Ungido. Declaró que su misión era consolar, bendecir y salvar a los afligidos y pecadores. Luego, viendo que el orgullo y la incredulidad dominaban los corazones de sus oyentes, les recordó que en tiempos pasados Dios se había apartado de su pueblo escogido por causa de su incredulidad y rebelión y se había manifestado a los habitantes de tierras paganas que no habían rechazado la luz del cielo. La viuda de Sarepta y Naamán el siro, habían vivido de acuerdo con toda la luz que tenían, por lo cual se los consideró más justos que el pueblo escogido de Dios que se había apartado de él y había sacrificado sus principios a las conveniencias y honores mundanales (Los hechos de los apóstoles, p. 333).

Hay personas particularmente idóneas para trabajar entre las clases altas. Necesitan pedir a Dios sabiduría para alcanzarlas, y no contentarse con un conocimiento casual de ellas, sino procurar despertarlas, mediante su esfuerza personal y su fe viva, para que sientan las necesidades del alma, y sean llevadas al conocimiento de la verdad que está en Jesús.

Muchos se figuran que para alcanzar a las clases altas, hay que adoptar un modo de vivir y un método de trabajo adecuado a los gustos desdeñosos de ellas. Consideran de suma importancia cierta apariencia de fortuna, los costosos edificios, trajes y atavíos, el ambiente imponente, la conformidad con las costumbres mundanas y la urbanidad artificiosa de las clases altas, así como su cultura clásica y lenguaje refinado. Esto es un error. El modo mundano de proceder para alcanzar las clases altas no es el modo de proceder de Dios. Lo que surtirá efecto en esta tarea es la presentación del evangelio de Cristo de un modo consecuente y abnegado (El ministerio de curación, p. 164).

La verdad debe presentarse con tacto celestial, cortesía y ternura. Debe proceder de un corazón que se haya enternecido y que haya sentido simpatía por los demás. Necesitamos establecer una comunión íntima con Dios, para que el yo no renazca… Para que no derramemos un raudal de palabras impropias, que no son ni como el rocío, ni como la lluvia que vivifica las plantas que se agostan. Al tratar de ganar a otros debemos utilizar palabras amables. Dios concederá sabiduría a quien busque sabiduría de lo alto. Debemos procurar encontrar oportunidades en todas circunstancias; debemos velar en oración; debemos estar listos para responder con sencillez y temor acerca de nuestra esperanza. Elevemos de continuo nuestros corazones a Dios, no sea que impresionemos negativamente a cualquier persona por la cual Cristo murió; para que podamos hablar la palabra apropiada en el momento apropiado. Cuando así obremos en favor de Dios, el Espíritu será nuestro ayudador. El Espíritu Santo usará las palabras que hemos pronunciado amorosamente en favor de las almas. La verdad tendrá un poder vigorizante cuando sea hablada bajo la influencia de la gracia de Cristo (Testimonios para la iglesia, t. 6, pp. 399, 400).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
IV TRIMESTRE DEL 2023
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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