JUEVES 29 DE FEBRERO
SACERDOTE ETERNO SEGÚN EL ORDEN DE MELQUISEDEC
Fue la obra de Cristo presentar la verdad en el marco del evangelio y revelar los preceptos y principios que había dado al hombre caído. Cada idea que presentó Cristo era propia de él. No necesitó tomar prestados los pensamientos de nadie, porque era el originador de toda verdad. Podía presentar las ideas de los profetas y de los filósofos, y preservar la originalidad de él, pues era suya toda la sabiduría. Él era el manantial, la fuente de toda verdad. Llevaba la delantera a todos, y por su enseñanza llegó a ser el dirigente espiritual para todos los siglos.

Fue Cristo el que habló mediante Melquisedec, el sacerdote del Dios altísimo. Melquisedec no era Cristo, sino la voz de Dios en el mundo, el representante del Padre. Y Cristo ha hablado a través de todas las generaciones del pasado. Cristo ha guiado a su pueblo y ha sido la luz del mundo (Mensajes selectos, t. 1, p. 479).

[E]n el niño de Belén estaba velada la gloria ante la cual los ángeles se postran. Este niño inconsciente era la Simiente prometida, señalada por el primer altar erigido ante la puerta del Edén. Era Shiloh, el pacificador. Era Aquel que se presentara a Moisés como el YO SOY. Era Aquel que, en la columna de nube y de fuego, había guiado a Israel. Era Aquel, que de antiguo predijeran los videntes. Era el Deseado de todas las gentes, la Raíz, la Posteridad de David, la brillante Estrella de la Mañana. El nombre de aquel niñito impotente, inscrito en el registro de Israel como Hermano nuestro, era la esperanza de la humanidad caída. El niño por quien se pagara el rescate era Aquel que había de pagar la redención de los pecados del mundo entero. Era el verdadero “gran sacerdote sobre la casa de Dios”, la cabeza de “un sacerdocio inmutable”, el intercesor “a la diestra de la Majestad en las alturas”. Hebreos 10:28; 7:24; 1:3 (El Deseado de todas las gentes, p. 36).

El arco iris rodea el trono como una seguridad de que Dios es verdadero, que en él no hay mudanza ni sombra de variación. Hemos pecado contra él, y somos indignos de su favor… Cuando venimos a él confesando nuestra indignidad y pecado, él se ha comprometido a atender nuestro clamor. El honor de su trono está empeñado en el cumplimiento de la palabra que nos ha dado.

A semejanza de Aarón, que simbolizaba a Cristo, nuestro Salvador lleva los nombres de todos sus hijos sobre su corazón en el Lugar Santo. Nuestro gran sumo sacerdote recuerda todas las palabras por medio de las cuales nos ha animado a confiar. Nunca olvida su pacto.

Todo el que pida recibirá. A todo el que llame se le abrirá. No se presentará la excusa: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada; no quiero abrirla. A nadie se le dirá jamás: No puedo ayudarte (Palabras de vida del gran Maestro, p. 114).

VIERNES 01 DE MARZO: PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Exaltad a Jesús, 19 de enero, “Un ejemplo inmaculado”, p. 27; Exaltada Jesús, 6 de julio, “El Buen Pastor”, p. 195.

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NOTAS DE ELENA
MATERIAL COMPLEMENTARIO DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2024
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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